La brecha salarial de géneros en alza: En enero alcanzó su punto máximo en tres años

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En el caso de la Argentina la “brecha salarial” por género es de 27,5 %; por lo que, las mujeres tienen que trabajar un año y tres meses para obtener el mismo dinero que los hombres en solo un año. Este dato constituye el promedio de los resultados de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-Indec).

El salario promedio requerido por los hombres a la hora de buscar una remuneración acorde a sus expectativas, es superior en un 18% al pedido por las mujeres. Así, en el mercado laboral, el trabajo masculino cotiza muy por encima del de las mujeres, sin que exista ningún mérito extra que lo justifique. Esta diferencia de salario aspiracional, legitimado, es hoy un promedio de 6% mayor que en 2016, según un estudio del portal de empleo Bumeran.

Aceptado como algo natural, de condición casi divina basada -en roles a cumplir dentro del contrato de convivencia llamado civilización- la diferencia entre salarios percibidos por hombres y mujeres en el mercado laboral sigue agrandando su brecha año tras año, alcanzando el 18% en enero pasado, la cifra más alta en tres años.

Los datos surgen del relevamiento realizado por el portal de empleos Bumeran, que detectó que mientras que el sueldo promedio solicitado por hombres alcanzó los 58.989 pesos en enero pasado, el de las mujeres fue de 49.700 pesos.

En cuanto a la solicitud de cargos, la brecha sigue mostrando también su fuerza. Mientras que para los cargos Junior el 53% es para las mujeres, frente al 47% del requerido para hombres; cargos Senior solicitados los porcentajes son del 55% y 45% respectivamente. En tanto que la mayor brecha se registra en los cargos para Jefe o supervisor, en donde la solicitud de mujeres es de apenas el 30% frente a 70% de requerimientos de hombres.

La brecha salarial es la desigualdad de los salarios en función del sexo. Se calcula como la diferencia entre las remuneraciones promedio que reciben los hombres y las mujeres por pago ante igualdad de tareas.

Existen miles de argumentos tendenciosos que intentan justificar este desorden, en una sociedad que acepta esta norma culturalmente, imponiendo el poder del género masculino por sobre el femenino.

Hoy, se lo está intentando socavar. Se construye una mirada del género femenino, intentando degradarla frente a lo masculino. Hombres y mujeres establecen lazos sociales alterados por categorías sobre capacidad y sensibilidad, entre otras características. El mundo del trabajo aún no ha conseguido una vacuna que lo inmunice de esta mirada casi virósica, parcial e insolvente. Allí es donde se instala la llamada Brecha Salarial.

Hay 1300 millones de mujeres que trabajan y cada una de ellas es simbólicamente, un ejemplo de estas diferencias.

Conocemos factores que explican estas teorías. A veces hacen hincapié en el nivel educativo, en categorías laborales, o en las complicaciones femeninas a la hora de ejercer su maternidad (quedar embarazada), pero se trata de factores de un poder masculino que intenta consolidarlas, con un interés social y económico.

Cuando hombres y mujeres piensan en buscar un trabajo, se hacen una idea de por cuánto dinero están dispuestos a realizar esa tarea; es decir, cuánto aspiran a ganar como sueldo. Allí hacen una valoración preconcebida del merecimiento que la misma sociedad le otorga a cada uno.

Es de esto exactamente de lo que hablamos cuando nos referimos a la brecha salarial y no otra cosa, una línea de pensamiento patriarcal que cruje, pero no se quiebra.

Hoy, a pesar de las luchas que encara el colectivo de mujeres para modificar esta mirada que la sociedad adjudica como el lugar que les corresponde en la dinámica social, el porcentaje de esta brecha creció al 18%, su pico más alto en los últimos 3 años.

La tendencia no reconoce de reacomodamientos sociales y se mantiene en constante aumento. En el último año la recomposición salarial de las mujeres fue de un 43%, mientras que los hombres se llevaron un 44%, la diferencia parece menor, pero continúa instalada la preconcepción de que éstos últimos merecen mayor reconocimiento salarial.

Siguiendo la ruta de los datos puros, el sueldo al que aspira un hombre como sueldo es de 58.989 pesos, mientras que las mujeres aspiran a cobrar por tareas laborales unos 49,700 pesos. Vale recordar que estamos hablando de distintos montos para las mismas tareas. Los hombres exigen y se consideran merecedores de unos 9.289 pesos más que las mujeres, al postularse para el mismo empleo.

También existen estas estadísticas a la hora del tipo de trabajo. Para los empleos Junior, a los que podríamos definir como no jerárquicos, que no exigen mayor capacitación, se los segmenta también por género y las mujeres abarcan el 53 % de las postulaciones. Su contraparte masculina tiene un porcentaje menor de intención para con estos empleos, con un 45%, ya que obviamente aspira a tareas mayores.

La mujer carga con el estigma de ser la “ama de casa y de responsabilizarse por las tareas del hogar. Esto le sobre exige sin retribución de pago alguna. Es algo que una mujer “debe ser” y que en promedio les demanda unas 6 horas diarias, mientras que los hombres sólo le dedican 3 y no es una actitud generalizada.

Casi solo sería necesario utilizar el sentido común para imaginar que a los puestos de mayor jerarquía -ya sea jefes o supervisores-, el trabajador masculino tiene preponderancia y se lleva el 70% de los ofrecimientos, en desmedro de un 30% que recoge el segmento femenino, que de ninguna manera está menos capacitado para ejercer cualquiera de estos cargos.

La diferencia se hace “efectiva”

Si volvemos a las pretensiones salariales, en dicho esquema de puestos jerárquicos, vuelven las antológicas diferencias: Hombres 59.977 pesos de sueldo, mujeres, 49.409 pesos. La diferencia del 19% reafirma este paradigma de pensamiento, en el que los géneros son considerados de diferente manera a la hora medirlos para un puesto laboral.

No se evalúa cada caso particular, con sus condiciones o no para el puesto a cubrir, sino al grupo de género al que pertenece, es decir por su condición de hombre o mujer.

Pongamos la cosa en tareas que ejemplifican y visualizan estas categorías: Ingeniería Mecánica y Eléctrica – Electrónica son las áreas de preponderancia masculinas, con un 92 % de postulantes. Por otra parte las áreas de recursos humanos, la enseñanza y la salud, son vistas como trabajos donde la mujer se sienta más cómoda, con un 76% de postulantes. Es muy visible, y casi una norma impuesta a obedecer, omitir a mujeres en puestos que contemplan tareas de mayor exigencia física como la construcción o el transporte.

Existe el estereotipo “masculino es más fuerte y más inteligente”, aunque no tenga ninguna referencia real, científica, o moral, el pero mandato social así lo reconoce como válido, aceptable y, hasta en muchos lugares, con el rango de verdad absoluta.

Solo se requiere un sentido de justicia, que no esté contaminado  

Hay una sociedad que se sacude con fuerza una carga que no termina de caer y a pesar de las pequeñas victorias, el camino al cambio profundo, todavía va a exigir que cada estructura de la vida en esta sociedad, ya sea laboral o cultural, iguale lo que debe ser igual: Misma remuneración para igualdad de tareas, entre hombres y mujeres.

Pablo Kulcar

Pablo Kulcar

La reflexión no atenta contra la necesidad de informar.Una noticia no deja de ser un recorte subjetivo, que hacemos, de lo que llamamos "la realidad".La honestidad intelectual es el prisma por donde la pasamos.Debemos intentar descubrir aquello que se esconde en una maraña de textos, palabras e informaciones y surfear los relatos de "verdades relativas" disfrazadas de "absolutas"

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Publicado por: Pablo Kulcar

pablokulcar@hotmail.com

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