El Lusitania Cap3
Un Hombre acecha a su presa
El almuerzo del 7 de mayo debía ser el último antes de la llegada a Liverpool. Había buen ambiente en el salón. No lejos de allí,respirando un aire viciado,un hombre aguardaba.Nada había en común entre él y los ruidosos comensales del Lusitania.Sin embargo,el destinatario habría de atarlos con una ligadura atroz y mortal. Ese hombre era el teniente de navío Schwieger,comandante del submarino alemán U-20, que estaba cazando a lo largo de la costa de Irlanda. Pegado al periscopio, Schweiger advirtió de pronto 4 chimeneas de un paquebote que avanzaba con bastante velocidad. El capitán dio una orden. Su intención era cortar el camino a la nave inglesa, aunque la posibilidad de alcanzar el objetivo eran nulas. En la superficie los motores hubiesen impulsado su casco a 16 nudos, Pero se arriesgaba a atacar descubierto. El barco podía estar armado y escoltado. De pronto ocurrió lo inesperado: el Lusitania viró a babor y enfiló directamente hacia el submarino. Se hicieron una serie de cálculos rápidos.Ya había comenzado la cuenta regresiva: 1200 metros,1000,800,700. A una profundidad de tres metros el torpedo partió hacia el Lusitania.
Una siniestra estela blanca
El comedor ya estaba vacío. Un artista del Covent Garden, Oliver Barnard, charlaba en cubierta con una muchacha. Súbitamente calló y miró finalmente el agua : “Dígame, no es un torpedo? casi simultáneamente, Merton, un marinero advertía la misma estela blanca formada por las burbujas que escapan del motor de aire comprimido.Aulló en el portavoz: “Torpedo a estribor”, Pero ya no hubo tiempo para nada. Un poderoso chorro de agua negruzca surgió detrás de la pasarela. Una columna de humo subió muy alto por encima de la primera chimenea. Los pasajeros, entregados al pánico ,corren de un lado al otro.Algunos intentan acercarse a los botes.Los marineros se interponen. En efecto,Turner aún no dio la orden de abandonar el barco.
Las mujeres lloran, algunos hombres se enfurecen, oficiales tratan de tranquilizarlos, el barco resistirá.Turner ordena poner la proa hacia la izquierda,hacia la tierra,la salvación.Pero el Lusitania obedece mal,ya escora por estribor y comienza a hundirse.Turner sabe que el barco no es invulnerable,pero espera que se mantenga a flote el tiempo suficiente para bajar los botes. El Lusitania no aminora la velocidad.El capitán intenta comunicarse con el mecánico jefe para que disminuya el número de giros.La sala de máquinas no contesta.
A bordo todo es confusión. La muerte ya asestó duros golpes. No solo en calles donde los cadáveres de los foguistas yacen entre las calderas despanzurradas, sino también a lo largo del casco. Se habían bajado 2 botes,pese a las órdenes en contra.El cordaje había escapado al control de los pasajeros que la sujetaban,los botes se habían hundido en la proa y los desdichado que los ocupaban se habían precipitado al mar. Turner ya no podía negar la realidad: el barco se hundiría antes de alcanzar la costa. Se había escuchado una segunda explosion,casi al mismo tiempo que la primera. Luego la tercera y finalmente la orden de abandonar el barco. Pero la escora de estribor impedía bajar al agua los botes de babor,cuyo revestimiento rozaba la muralla inclinada, a despecho de todos, los esfuerzos para rescatarlos.A estribor la maniobra era más fácil.Pero ya a esa altura ya muchos pasajeros comprendía que tendrían que permanecer a bordo.

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