Ray Bradbury: una caricia de literatura fantástica y poética

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Ray Bradbury, el más famoso novelista de ciencia ficción del siglo XX con títulos como Crónicas Marcianas y Fahrenheit 451 falleció el 5 de junio del 2012, en Los Angeles a los 91 años.

Esta época de pandemia y aislamiento social invita a cuestionarse dramáticamente si lo que estamos viviendo es real o es un cuento de ciencia ficción. Otra alternativa es preguntarse por la veracidad o no, de profecías sobre cometas que se estrellan en la tierra o pandemias incurables que todo lo devoran. La fantasía y la angustiante realidad se tocan, coquetean, casi que construyen un nuevo relato, sin título, sin autor.

Es hora de darnos el permiso de leer estas historias y conocer autores que hicieron de su imaginación del futuro, una razón de ser. Podremos encontrar en los libros como los de Ray Bradbury una explicación a cómo y porque finalmente somos una civilización autodestructiva y constantemente en peligro?

Ray Douglas Bradbury nació el 22 de agosto de 1920 en Waukegan, Illinois (Estados Unidos). Se graduó en la escuela secundaria en 1938 y no pudo asistir a la universidad por razones económicas. Por esto su formación autodidacta se basó en la lectura. Ganó su sustento diario como vendedor de periódicos hasta 1942. Comenzó a escribir desde niño y publicó su primera historia a los 18 años, en una revista para aficionados en 1938.

Fue internacionalmente reconocido, participó dos veces de nuestra feria del libro. La primera en 1997, allí visitó el planetario de la ciudad de Buenos Aires, donde le organizaron un espectáculo a su medida. Un final en el que un fondo del universo y las estrellas, se mesclaba con una proyección de su imagen. En aquella visita dijo haber vivido una experiencia inolvidable y reconoció haber generado un vínculo con la gente, tan fuerte y amoroso, como el que tenía con el espacio

En 1943 dejó el trabajo de vendedor, se dedicó a escribir tiempo completo y jamás dejo de hacerlo. Construyó la base de la literatura fantástica norteamericana.

Crónicas marcianas

En 1950, con la aparición de Crónicas marcianas, comenzó su ascendente fama literaria. En sus páginas se relatan los intentos terrestres por colonizar el planeta Marte y reflejan las angustias y ansiedades de una sociedad norteamericana en los años cincuenta, frente al peligro de una guerra nuclear.

Considerado un clásico de la ciencia ficción, este libro recoge no sólo las vicisitudes de los viajes que la raza humana realiza al planeta rojo, sino también la caída de la civilización tal cual la conocemos. Abarca un período imaginario comprendido entre 1999 y 2026.

Los marcianos poseen notables poderes telepáticos, esto causa graves contratiempos a las tres primeras expediciones terrestres. La cuarta logra la verdadera colonización del planeta. Allí los terrícolas introducen en la vida marciana virus y enfermedades, logrando dominarlos. Aquello que durante siglos mató a millones personas en la historia de la civilización humana, es ahora, el arma que les da el triunfo. Una raza sin anticuerpos, autóctonamente marciana, esta indefensa

Describe a los humanos con una falta total de respeto a los habitantes del lugar, para ellos solo es tierra fértil para ocupar, degradando y sometiendo. La humanidad les transmite todas sus bacterias y les enferma de muerte. Finalmente la Tierra queda casi vacía, pero una amenaza bélica desde ella y hacia el planeta rojo, induce a los colonos a regresar. Los pocos que permanecen en Marte se convierten en los “nuevos” marcianos.

El libro está estructurado por diferentes relatos que refieren a las distintas misiones desde la Tierra a Marte. No es una novela, pero todos estos episodios están conectados en un hilo argumental. El derrotero expone la imperiosa necesidad del hombre por ocupar ese planeta y como cada paso dado es un error. Las circunstancias que suceden son de una riqueza narrativa y una fantasía que sorprende hasta el relato final.

Fahrenheit 451

Alcanzada la fama se le abrieron las puertas de prestigiosas revistas. Sus narraciones podrían calificarse de poéticas y futurista. En 1953 publicó su primera novela, Fahrenheit 451 (título que alude a la temperatura en que los libros empiezan a arder al ser quemados), que obtuvo también un éxito importante y fue llevada al cine por François Truffaut. En ella puso de manifiesto el poder de los medios de comunicación y el excesivo conformismo que domina a una sociedad desarrollada, es un clásico de la literatura llamada distópica.

Allí se describe una sociedad ficticia e indeseable en sí misma. Sobrevivientes de mundo imperfecto, cruel y abusivo, donde las contradicciones ideológicas generan consecuencias extremas. Todo lo contrario a la idea de algo heroico y perfecto. Explora nuestra realidad actual con la intención de anticipar ciertos métodos de conducción que podrían derivar en sistemas injustos y crueles. Bradbury es pesimista y apuesta a un futuro tecnológico, pero relajado humanamente.

La novela narra la historia de una ciudad del futuro, dominada por los medios audiovisuales, en la que se ataca al individualismo. Están prohibidos los libros, y los bomberos, brazos ejecutores de un estado totalitario, son los encargados de quemarlos. Al margen del poder dominante, un grupo de hombres recluidos en los bosques, decide memorizar textos enteros de filosofía y literatura para preservar la cultura. Finalmente, el plan es inocuo, los libros sobreviven en la memoria de sus lectores.

Es una fábula moralizante, en el relato se exponen de forma minuciosa las razones de la prohibición. Guy Montag, jefe de la unidad de bomberos piromaníacos explica, “leer impide la felicidad que da la ingenuidad de la ignorancia”. Frente a sus argumentos se contraponen puntos de vista, que ponen de relieve las características positivas de la lectura. De este modo se desarrolla una reflexión enriquecedora, con constantes referencias a clásicos de la literatura universal.

Pesimismo futurista

Se consideraba a sí mismo «un narrador de cuentos con propósitos morales». Sus obras a menudo producen en el lector una angustia metafísica desconcertante, ya que reflejan la convicción de Bradbury de que el destino de la humanidad es “recorrer espacios infinitos y padecer sufrimientos agobiantes, para concluir vencido, contemplando el fin de la eternidad”.

Un clima poético y un cierto romanticismo, son otros rasgos persistentes en su obra. Sus temas están inspirados en la vida diaria y cotidiana de las personas, hasta que algo sucede. Por sus peculiares características y temáticas, puede considerarselo como exponente del realismo épico, aunque nunca la haya definido de este modo.

Si bien se le conoce como escritor de ciencia ficción, él mismo se consideró un escritor fantástico. Allí es donde mejor y más cómodo se siente. Sus cuentos son indefectiblemente atmósferas oníricas, llenas de poesía. Una mezcla que en palabras de Ray, son ingredientes indispensables. Intenta darle al mundo un orden moral, pero acepta que la dinámica del tiempo actúe, regulando y motorizando lo que deba ser y suceder.

Ray llegó a la luna

En su honor existe un asteroide al que se bautizó con el nombre de Bradbury. Uno de los cráteres de la luna se llamó “Cráter Dandelion” en conmemoración a su libro, El vino del estío. Podía presumir también de tener una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y de haber recibido una mención al Oscar por un film animado.

“Yo me enamoré de la ciencia ficción, de la de Asimov y Clarke, es un género que trabaja metáforas y mitos, a todos les encanta esta fantasía, yo me fui con ella al futuro y nunca volví, me fui a marte y tampoco regresé

Falleció a los 91 años en Los Ángeles, California. Su salud había sufrido dos derrames en los últimos años y perdido la visibilidad de un ojo y movilidad en los miembros izquierdos de su cuerpo. En el ocaso de sus días continúo dictando sus historias por teléfono, a su hija que vive en Arizona.

Su lápida funeraria lleva un epitafio expresamente dictado por el mismo: Ray Bradbury, autor de Fahrenheit 451.

Algo en su interior gestó el estallido de palabras. Ellas se derramaron en relatos donde la ternura poética de una descripción sencilla y austera, fue un atajo hacia el misterio y la magia. El espacio estelar, inconmensurable y mudo testigo, fue un decorado incoloro, donde pintar pequeños y grandes conflictos. Siempre el alma humana, tironeada entre la crueldad y la dulzura. Las frases eran pinceladas de un artista a ritmo oscilante, un poco para un lado y luego para otro. La lectura es la última instancia, donde la mirada en perspectiva, pone cada palabra en el lugar necesario y da sentido a su obra.

Explicaba en cada nota que no era, ni intentaba, ser un gurú futurista:

“En mis obras no he tratado de hacer predicciones acerca del futuro, sino avisos. Es curioso, en mi país cada vez que surgía un problema de censura, salía a relucir como paradigma de la libertad Fahrenheit 451. Los intelectuales, ya sean de derechas o de izquierdas, siempre tienen miedo a lo fantástico porque les parece tan real ese mundo, que creen que estás intentando engañar y evidentemente, así es.

Constantemente le preguntaban si envidiaba un futuro que sin él haga pie en Marte, si era necesario e imprescindible continuar la conquista del espacio, en el que hasta ahora solo se pisó la luna y con la mítica una duda instalada que sea cierto.

La respuesta tiene la obviedad de miles de páginas escritas, con la dulzura de quien ama y desea algo por y para siempre:

 “Ya lo dije en Crónicas marcianas, donde dibujé el mapa de esta realidad… Tenemos que volver a la Luna e ir a Marte. Y digo otra cosa: yo voy a ser el primer hombre muerto en llegar allá. Ya les dije a las personas responsables de los viajes espaciales, que cuando muera, vayan y pongan mis cenizas una lata de sopa Campbell’s y las lleven a Marte, para enterrarlas en un lugar llamado Abismo Bradbury. Ya no podré ser la primera persona viva en llegar a Marte, pero al menos quiero ser el primer muerto en llegar tan lejos”.

Jorge Luis Borges escribió el prólogo de crónicas marcianas, edición española de 1955:

“Su tema es la conquista y colonización del planeta. Esta ardua empresa de los hombres futuros parece destinada a la época, pero Ray Bradbury ha preferido (sin proponérselo, tal vez, y por secreta inspiración de su genio) un tono elegíaco. Los marcianos, que al principio del libro son espantosos, merecen su piedad cuando la aniquilación los alcanza. Vencen los hombres y el autor no se alegra de su victoria. Anuncia con tristeza y con desengaño la futura expansión del linaje humano sobre el planeta rojo -que su profecía nos revela como un desierto de vaga arena azul, con ruinas de ciudades ajedrezadas, ocasos amarillos y antiguos barcos para andar por la arena”.

Crónicas Marcianas (1950)

Tenían en el planeta Marte, a orillas de un mar seco, una casa de columnas de cristal, y todas las mañanas se podía ver a la señora K mientras comía la fruta dorada que brotaba de las paredes de cristal, o mientras limpiaba la casa con puñados de un polvo magnético que recogía la suciedad y luego se dispersaba en el viento cálido. A la tarde, cuando el mar fósil yacía inmóvil y tibio, y las viñas se erguían tiesamente en los patios, y en el distante y recogido pueblito marciano nadie salía a la calle…”

Fahrenheit 451 (1953)

“Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio adonde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí. «No importa lo que hagas —decía—, en tanto que cambies algo respecto a cómo era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ello tus manos”

Pablo Kulcar

Pablo Kulcar

La reflexión no atenta contra la necesidad de informar.Una noticia no deja de ser un recorte subjetivo, que hacemos, de lo que llamamos "la realidad".La honestidad intelectual es el prisma por donde la pasamos.Debemos intentar descubrir aquello que se esconde en una maraña de textos, palabras e informaciones y surfear los relatos de "verdades relativas" disfrazadas de "absolutas"

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Publicado por: Pablo Kulcar

pablokulcar@hotmail.com

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