Nacimiento Prematuro

Holding tiny hand
Del 15 al 21 de noviembre, se conmemora la semana mundial del nacimiento prematuro, buscando fomentar los cuidados pre y post natales a fin de disminuir los riesgos en la salud de las personas gestantes como de las vidas en gestación.

El nacimiento prematuro suele ser una situación generalmente inesperada que puede acompañarse de riesgos en la salud de la díada madre/hijo-a, y que en todos los casos conlleva un nivel elevado de estrés.

En la tan valorada”primera hora”, se activa el propio sistema endócrino de la vida recién nacida y se desarrollan las primeras conexiones neuronales, gestándose la estructura base del mapeo cerebral; pero en casos de nacimientos prematuros, estos procesos se encuentran intermediados por situaciones no deseadas que requerirán un abordaje sumamente cuidadoso, intentando fundamentalmente preservar la conexión con la persona gestante, con la cual continúa una simbiosis hormo-neuronal y que es sumamente necesaria para atravesar y establecer el propio equilibrio.

En este proceso de separación de los dos cuerpos, se deben considerar las necesidades biológicas y al mismo tiempo intentar reducir al máximo el impacto emocional que generará a esta díada.

Las familias que enfrentamos las dificultades de un nacimiento antes del tiempo esperable de gestación, nos encontramos con una realidad que difiere de lo anhelado, pero es necesario para recibir a nuestro bebé: la internación en Neonatología, entre incubadoras, lámparas, tubos, cableados, alarmas, pinchazos, profesionales de la salud yendo y viniendo. En este contexto se desarrollan los primeros encuentros en los que, además, se producirán las primeras percepciones del mundo exterior, intervenidas por todos estos estímulos; como dije antes, indeseados pero necesarios.

Sumando el estrés del postparto, el shocks hormonal en nuestro cuerpo, las gotitas de calostro que comienzan a fluir, lograr que el bebé prenda al pecho -o en caso de no poder hacerlo ingresarlo por sondas-; calcular diariamente los gramos de peso, esperar ansiosa el momento de poder desconectarle la asistencia que requiera para alzarle, son huellas que nos quedan para siempre, parte del camino que nos tocó atravesar.

La urgencia y gravedad que pueden acompañar estás situaciones requiere de redes de apoyo y sostén, y las familias tenemos derecho a estar todo el tiempo con nuestros bebés, aún en la Unidad de Cuidados Intensivos y en todas las áreas por dónde transite. 

En lo posible se debe recrear el hábitat natural, el cuerpo materno. Existe el método canguro donde el bebé pasa gran parte del tiempo sobre el cuerpo de la mamá.  El contacto piel a piel, el ritmo respiratorio, los latidos del corazón y el calor corporal de la madre favorecen la estabilidad y  autoregulación de las funciones orgánicas del bebé prematuro. El apoyo a las familias debe contar con un equipo de salud mental perinatal que pueda acompañar esta etapa sumamente estresante que cada persona vive de modo diferente. 

Cada institución que cuente con área de maternidad, debería también contar con espacios de residencia  para que las madres puedan permanecer junto a sus bebés en el mismo lugar mientras dure la internación, ya que en el posparto se debe cuidar de ambos y pensarse como uno solo; esta díada requiere de estar unidos para la regulación homeostática. Tanto bebés como las mamás, nos encontramos vulnerables y conectados hormonal y neuronalmente, por ello nos necesitamos para reestablecernos. 

Si bien las licencias por maternidad y paternidad en estos casos son más prolongadas, aun hay empleadores que no cumplen con lo establecido; que de todos modos, sigue siendo escaso. Las madres necesitamos de un tiempo de adaptación para poder brindar al recién nacido todos los cuidados que requiere y ello incluye a las redes vinculares que faciliten y favorezcan nuestro maternar.


Salvador Américo nació a sus 34 semana de gestación. Los primeros 3 días estuvo intubado porque sus pulmoncitos necesitaban ayuda para aprender a respirar. En lugar de recibir a mí bebé en brazos y ponerlo en mí pecho, luego de la cesárea yo debía atravesar caminando todo el pasillo desde mí habitación hasta el área de internación de Neonatología.

A los 7 días lograron equilibrarse mis valores -glucemias, presión, otras- y me dieron el alta… Pero a mí hijo no, a él le faltaban un par de aprendizajes para estar listo y salir a la vida. Volver a casa sin él fue lo más difícil que tuve que atravesar, luego de tantos meses viviendo en mí. Pero cada amanecer era un día menos para llevarlo a casa. Nos tocó transcurrir este camino. Un mes así, yendo a pasar el día juntos y volver a casa un rato a descansar.   Días de incertidumbre, angustia, miedos y muchísima ansiedad. Hasta que por fin llegó ese tan deseado día en que Salvador salió de allí conmigo.

Publicado por: Lic. Georgina Marcela Parente

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