LA RUTA DE LA LANA

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Por: Pablo Kulcar

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En Agua Hedionda, en pleno corazón de la Cordillera de San Buenaventura se apilan junto al corral el producto de cinco años de esquila de las 200 ovejas que crían don Rolo y doña Fabiana.

Son unos 4.000 kg. de lana, descontando lo que el sonda desparrama por la quebrada. Bajarlas a Fiambalá para que las Artesanas Hilanderas del Abaucán creen sus obras es un trabajo afanoso que no compensa los 20 Pesos que se paga el kilo de lana.

Por eso la lana se la lleva el viento. Surgió entonces la idea de subir a comprobar.

Desde Las Papas llegar a Agua Hedionda son cinco horas de mula. Nueve si se da un rodeo para pasar por El Telar. El camino no es fácil ni carente de riesgos. Quebradas, acantilados, puna…

La esquila se lleva a cabo en noviembre. A la manera tradicional, a tijera. Rolo y Fabiana ayudados por dos peones tardan más de una semana. Cada peón se lleva como pago un cordero, a precio de hoy unos $8.000. Más, por supuesto las dietas: asados, locros, vino y mucho mate.

Pero ese no es todo el trabajo. Durante todo el año hay que cuidar las ovejas del daño: el puma, el zorro, y cuando son corderitos, cóndores y buitres. Hay que estar al tanto en la época de partos, vacunarlas y dos veces al año bañarlas contra los parásitos.

“Bien limpitas las ovejas, la lana sale más fina” comenta doña Fabiana.

Tocaba baño estos días. No pudo ser por cuestiones de mano de obra, no es fácil encontrar gente que viaje cinco horas a lomo de mula a pasar incomodidades y frío.

Coincidió nuestra estancia con el momento de marcado. Ir buscar las ovejas que se desparramas por al cerro, como a 4.000 msnm., a comer. Después es toda una mañana de trabajo señalarlas.

Hace frío, aunque don Rolo afirme que aún el frío de verdad no llegó.

Preparar un costal toma su tiempo. Se desarman tres bolsas de arpillera para coser una con otra. La lana se mete a presión, a puro puñetazo. Las espinas se clavan en la piel. Llenar el costal y cerrarlo con una costura cuesta un buen rato de duro esfuerzo.

Ocho días después de constatar el duro trabajo diario del trabajador rural emprendimos la marcha cordillera abajo. Un burro cargó el costal de 40 kg. de lana, cinco horas por senderos que solo la vista baqueana distingue. Los mismos peligros que a la ida. Un camino agotador hasta Las Papas. De ahí en la chata hasta Fiambalá, diez horas de camino desde Agua Hedionda. Antes, no hace mucho, dos días a lomo de mula.

Ahora las Artesanas Hilanderas del Abaucán lavarán, la hilarán, llenarán husos, formarán ovillos que luego enmadejarán para finalmente tejer sus obras con mimo.

No se puede decir que un poncho, una manta, un chal, un saco o pullover acabado no valga lo que vale.

Publicado por: Pablo Kulcar

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