Venezuela ¿libre?
La acción y la fecha en la detención del infame Nicolás Maduro resultó sin duda una sorpresa, la estrategia que de fondo hay en esta riesgosa medida, no lo es.
El gobierno de los Estados Unidos anunció desde el retorno de Trump a la Casa Blanca que iba tras el líder de la dictadura venezolana por representar un riesgo probado para los norteamericanos por la carga criminal que significa el cartel de los soles.
Al cabo de los meses, el gobierno trumpista y el partido en el poder no solo advirtieron en repetidas ocasiones la acción que llegaría en caso de que Maduro se negara a entregar el gobierno de esa nación.
Los republicanos al mismo tiempo también trabajaron de manera acelerada en construir el andamiaje legal para poder justificar una ofensiva militar como la que se ordenó tras la aprobación de la ley antiterrorista que necesitaba Trump para evitar un tropiezo político interno.
A pesar de todos los mensajes, Nicolás Maduro decidió subestimar los llamados norteamericanos a su dimisión y desde este fin de semana, duerme al igual que su esposa, en una prisión de alta seguridad en el estado de Nueva York.
Sin embargo y más allá de una operación militar exitosa ejecutada en territorio extranjero, más allá incluso del festejo de millones de venezolanos por la extracción del dictador y por la libertad que se supone comenzarán a recuperar en esa nación, de fondo hay muchos escenarios que se deben observar con profunda atención.
El primer apunte a reflexionar es el mensaje emitido en conferencia de medios por el propio mandatario de la unión americana al afirmar que EEUU “gobernará” a Venezuela hasta que existan las garantías suficientes para devolver el poder a los venezolanos.
Hasta ahora queda poco claro lo que este anuncio hecho por el presidente estadounidense puede significar para la soberanía y libertad de millones de seres humanos sometidos por décadas a las atrocidades de un régimen dictatorial.
Y no, no es que la detención de un par de delincuentes internacionales no deba ser motivo de reconocimiento al presentarlos a una instancia de justicia extra territorial, el dilema que no puede perderse de vista es lo que este “vacío presidencial” puede significar para una nación entera.
La constitución de este país sudamericano contempla como en casi todas las naciones soberanas, un escenario legal en caso de una ausencia total de su líder, presidente, mandatario o jefe del poder ejecutivo.
Venezuela en este caso y según su constitución, debe llamar a elecciones extraordinarias para que sean los propios habitantes los que decidan el destino de su país.
Aquí se abre otro escenario de alto riesgo; está claro que Nicolás Maduro ha caído, pero no está claro aún si sucederá lo mismo con el régimen chavista constituido por miles y miles de personas que a cambio de dádivas son incondicionales de ese cuestionado grupo que aún se siente en el poder.
¿Los herederos de Chavez que aún no han sido detenidos se entregarán así sin más?, ¿buscarán reaccionar con sus huestes y mandarlos a defender al chavismo aún a costa de sus vidas?, ¿los simpatizantes y rémoras de esa dictadura reaccionarán para defender su libertad o sus amados líderes?.
Y aún más.
¿Cómo determinar si los venezolanos tienen la madurez suficiente para ejercer la libertad y decidir su futuro?, ¿quién puede definir con legitimidad el mejor escenario para un pueblo sometido a la miseria, a la prisión, a la tortura y en el extremo a la muerte ordenada desde una dictadura disfrazada de gobierno?
Es indiscutible que el mundo transiciona por momentos de alto riesgo, por escenarios donde las libertades y las democracias son amenazadas de manera insistente por la creciente política perversa, por la ilegalidad y hasta por el crimen en sus múltiples expresiones.
Sin embargo, la libertad es y será siempre una condición humana que no puede ni debe estar sometida a criterios ajenos o escenarios donde los intereses no sean los de su defensa legítima e incondicional.
El mundo y muchas naciones necesitan recuperar de manera indiscutible el control de sus democracias y de sus decisiones, pero se debe tener cuidado extremo en alcanzar esa condición sin poner en riesgo la libertad ni la soberanía de su gente.
De nada sirve a los sometidos ser rescatados del tirano si no pueden decidir sobre su destino. La ayuda externa debe ser siempre valorada con gratitud pero también con esa determinación que muestran quienes se saben obligados a ser responsables de su propio futuro.
La detención del infame Nicolás Maduro y de su esposa no es de ninguna manera el fin de una dictadura en Venezuela; parece más bien, el inicio de otro largo y penoso peregrinar de ese pueblo que seguirá pagando y muy caro su negligencia e irresponsabilidad tras haberse entregado al populismo chavista hace casi 30 años.
Lo que sucede en Venezuela no puede soslayarse por nadie y menos por los mexicanos, es una dolorosa lección que aún no termina y un atento aviso para todos los que compartimos este continente, para todos.
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Con información de UNAR AGENCY
