Tierras raras en Argentina
tierras raras?
Un informe del Servicio Geológico Minero Argentino (Segemar) localiza yacimientos de tierras raras en las provincias de Jujuy, Salta, San Luis y Santiago del Estero. También señala la presencia de rocas magmáticas en Valle Fértil, San Juan, que aún no fueron evaluadas. Córdoba y Buenos Aires también aparecen en el mapa de tierras raras. La Plataforma Continental Argentina no escapa a este sondeo, donde se han identificado concentraciones de estos minerales. En varios de los yacimientos consignados las tierras raras están asociadas con torio y uranio, ambos radioactivos.
El mismo documento expone que la única “producción reportada” de tierras raras se dio en Valle Fértil, entre 1954 y 1956. El informe no hace mención a la extracción y exportación no declarada que le valió a Minera Alumbrera (de las multinacionales Glencore, Goldcorp y Yamana Gold) el inicio de una causa judicial por contrabando de 19 minerales, de los cuales siete pertenecen al grupo de las tierras raras (cerio, lantano, lutecio, escandio, terbio, itrio e iterbio). Los minerales restantes que la empresa exportaba por debajo de la mesa fueron cromo, titanio, circonio, cobalto, cesio, hafnio, columbio, níquel, tantalio, torio, uranio y tungsteno, también considerados críticos o estratégicos.
La causa contra Minera Alumbrera fue iniciada, en 2010, por los geólogos Miguel Gianfrancisco y Guillermo Amílcar Vergara, de la Universidad Nacional de Tucumán, a raíz de un estudio en la zona del oeste catamarqueño donde, por entonces, se desarrollaba el primer proyecto de minería a cielo abierto del país. La denuncia no levantó demasiado revuelo hasta que, en 2021, la investigadora y ex diputada Alcira Argumedo calculó que la empresa evadía el pago de más de ocho mil millones de dólares por año. Mientras el Poder Judicial se toma su tiempo para investigar la denuncia, la corporación trasnacional —que declaró el fin de sus operaciones en 2022— se prepara para explotar oro, cobre y molibdeno con el proyecto MARA (Minera Agua Rica-Alumbrera) en la misma zona minera.
Fachada verde para sostener la vieja fórmula de la megaminería
Al suscribir el Acuerdo de París, 194 países se comprometieron a aunar esfuerzos para contrarrestar los efectos del cambio climático y reducir el calentamiento global. En este contexto, cobró fuerza el concepto de “transición energética”, que plantea la sustitución de energías fósiles por las llamadas energías “verdes”, como la eólica y la solar, y el reemplazo del parque automotor a base de combustibles fósiles por vehículos eléctricos.
Sin embargo, los discursos sobre transición energética, plagados de palabras como “descarbonización”, “energías verdes” y “energías limpias”, esconden la necesidad imperiosa de minerales que implican su explotación y procesamiento a gran escala y, con ello, el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, esas propuestas no discuten el modelo de consumo, la responsabilidad de los países (y personas) más ricos del planeta y su sostenibilidad.
Arroyo Olea, en diálogo con Tierra Viva, opina que detrás del interés por las tierras raras anida el objetivo de “darle proyección a una transición energética de carácter corporativa” y señala que su objetivo es “mercantilizar la crisis climática, con tal de sostener un modelo de explotación y consumo, actualmente desatado, al alero del extractivismo”.

Para el biólogo, filósofo e investigador Guillermo Folguera, se trata de “un gran negocio” y, como tal, “tiene que asumir algún tipo de retórica o discurso que lo apoye y lo fundamente”. Para Folguera el mercado se apropió de la necesidad de “pensar alternativas al escenario actual y el mote que le dieron es el de la ‘transición energética'”. Las propias corporaciones mineras utilizan eslóganes para posicionarse en el imaginario colectivo como “sustentables” o “amigables con el ambiente”, a la vez que explotan territorios y calculan ganancias.
La minería a cielo abierto es el método privilegiado para la extracción de tierras raras en depósitos minerales que no superen los 150 metros de profundidad. El método es el mismo que aplicó Minera Alumbrera en Catamarca y que se aplica en Veladero (San Juan): voladuras con explosivos, remoción y transporte para su procesamiento. La minería subterránea, que combina perforaciones y voladuras para la apertura de túneles, es otro método empleado para la extracción de tierras raras.

También el procesamiento de estos minerales responde a métodos que ya tienen historia en nuestro país: trituración, molienda y lixiviación (un proceso de separación de los minerales mediante el uso de químicos y tóxicos). A través de este método, los Elementos de Tierras Raras (ETR) se transforman en Óxidos de Tierras Raras (OTR), que es la forma en que se utilizan en la industria. El empleo de grandes cantidades de agua y el alto consumo de energía eléctrica están presentes en la extracción y procesamiento de estos minerales.
Así como la minería a gran escala no es nueva en Argentina, tampoco lo son las consecuencias ambientales, sociales y económicas que acarrea. Andalgalá, en Catamarca, y Jáchal, en San Juan, pueden dar cuenta de eso. No muy distintos son los impactos de la minería de tierras raras.
Investigaciones sobre extracción de tierras raras señalan contaminación química, alteración y acidificación de los suelos, emisiones de gases y contaminación del agua entre los principales impactos en el ambiente. Como ejemplo, en una mina china, la producción de cada tonelada de óxidos de tierras raras generó 60.000 metros cúbicos de gases residuales, 200 metros cúbicos de agua acidificada y 1,4 tonelada de desechos radiactivos.
A nivel sanitario, en Bayan Obo, China, se reportaron enfermedades como la fluorosis (deformación de las articulaciones, huesos y columna vertebral) y la “enfermedad de la serpiente”, una decoloración de manos, pies, rostro y genitales por intoxicación severa con arsénico.
Más extractivismo, más resistencia
Aunque con otro nombre, la explotación y procesamiento de tierras raras supone un capítulo más del extractivismo que ya impera en buena parte del globo, arrastrando como consecuencias “una enorme depredación social, ocupación territorial, sobreconsumo de bienes comunes, pérdida de la matriz productiva, aumento en la dependencia y, obviamente, contaminación química”, enumera Folguera. En un contexto en que los partidos políticos dominantes sostienen el modelo extractivista, reflexiona, las alternativas deben surgir de las propias comunidades.
En la región chilena del Biobío, los habitantes de Penco resisten hace una década. La ciudad chilena se ha convertido en el centro de “intereses empresariales y estatales en beneficio de la minería de tierras raras”, describe Arroyo Olea. Allí se han tramitado cinco permisos ambientales para la explotación de estos minerales y todos han sido frustrados “por la resistencia de comunidades y organizaciones”. Actualmente, es la empresa minera Aclara, de origen canadiense, quien se encuentra a la caza del permiso para explotar tierras raras en Penco y también en Brasil.
En medio de la carrera por el control de las tierras raras y otros minerales estratégicos, se vuelve urgente habilitar la discusión sobre para qué y para quién es la transición energética que se postula, al menos en los papeles, como nueva meta. Un punto de partida, propone Folguera, es plantearnos “la pregunta política por excelencia: cómo queremos vivir”.

*Edición: Nahuel Lag
