ROV SuBastian y “Mi Maestro el pulpo”
Tras registrar picos de más de 80 mil espectadores en vivo, la transmisión por streaming de la expedición del Conicet al fondo del mar llegó a su fin, marcando un hito en la oceanografía argentina.
La expedición “Underwater Oases of Mar del Plata Canyon: Talud Continental IV”, realizada en colaboración con la Fundación Schmidt Ocean Institute, exploró el cañón submarino Mar del Plata a través del vehículo operado de manera remota, el ROV SuBastian, en “una región de alta biodiversidad y poco explorada”, según el Conicet. El instrumento capturó imágenes submarinas con gran definición y recolectó muestras sin alterar el entorno.
La investigación del Conicet despertó una curiosidad por la vida subacuática de las profundidades del mar que superó las estadísticas históricas de programas de National Geographic. Para continuar con este nuevo estímulo, que genera la apreciación de una vida que tiene estructuras, formas y colores dignos de un momento de éxito mediático, recordamos el documental: “Mi maestro el pulpo” que fue galardonado con un oscar en el año 2020.

Craig Foster, destacado documentalista de la naturaleza que ha trabajado en producciones del calibre de Blue Planet II y descubierto siete nuevas especies, una de las cuales lleva su nombre (el camarón heteromysis fosteri) en plena crisis emocional, tras un período intenso de depresión, decide emprender unas sanadoras excursiones diarias al mar.
Al cabo de un tiempo encuentra, en medio de un bosque de algas en la costa oeste de Sudáfrica, a una pulpo (octopus vulgaris). Lo sorprende la manera que este le va perdiendo el miedo. Presiente desde una mirada humano-pulpo, que lo está conquistando.
Craig decodifica y resinifica cada reacción del pulpo desde su propia tragedia personal, humanizándolas. Seguramente no coinciden con la del óctuplo, que reacciona siempre respondiendo a conductas que “parecieran” ser racionales.
“A veces me pongo a pensar en cómo vamos a explicar lo extrañas que son algunas de las criaturas que viven en nuestro planeta. Por ejemplo, el pulpo: en cuanto logramos atraparlo con la mirada, cambia de forma y se nos esconde a plena vista o se escapa por un huequito.

Es alga, es arena, es roca, es nada: excepto por una pequeña protuberancia rígida de quitina que tienen en la boca, parecida al pico de un loro, es un cuerpo de pura posibilidad. Y ni qué decir de su mente: como tienen neuronas en los tentáculos, piensan con el cuerpo entero: juegan, engañan, planean, nos reconocen, aprenden y son capaces de usar herramientas para resolver problemas complejos”.
“La trampa de Mi maestro el pulpo es justamente ésa: no hablar de las cosas como son, sino de cómo las interpreta el protagonista.”
Foster visita al pulpo todos los días y empieza a pensar que este vínculo se basa en poderes que alivian su depresión y formatean su vida hacia una especie de meseta curativa. Construye con imágenes una relación subjetiva y personal. Un documental con este enfoque, es casi no considerar seriamente como testigo relevante de su especie, al mismísimo pulpo.
Nuestro siglo ha sido testigo, en tan sólo un puñado de años, de la exterminación masiva de miles de especies, la pérdida de hábitats naturales por la crisis climática y la consolidación de un sistema de producción cárnica que implica el asesinato cruel de millones de animales al año.

Estas matanzas indiscriminadas solo son posibles mediante la cosificación del animal a consumir. No es un ser vivo con derechos naturales a existir, sino una mera mercadería que espera ser atrapada y deglutida con placer.
Craig Foster no resiste la tentación de poner su drama personal como medida de su relación con la pulpo. En vez de interpretar sus acciones a través de su lente como naturalista, ve en ella una guía o una maestra que puede darle lecciones sobre su propia fragilidad, aunque eso implique deformar la apreciación de sus conductas. Foster asume que lo que siente es simétrico, convirtiendo esta interacción en un silogismo visual. Es lo que él dice que es, y no hay una voz de la contraparte que pueda rebatirlo.
Pero para ser justo trata el pulpo con un respeto que lo ennoblece y este se muestra con su natural conducta que lo empodera.La relación existe esta allí,no sabemos cuál es el peso especifico, pero el director nos suma como cómplices a su respetuosa invasión visual.
El maestro pulpo nos regala su experiencia de vida y ese solo detalle, lo jerarquiza e instala como una pieza bellísima para disfrutar y aprender.
