Las MiPyMEs, el motor ignorado de la economía mexicana
Cuando hablamos de “los empresarios” en México, solemos perdernos entre apellidos añejos asociados a mega marcas, a rankings de “quién tiene más” y a macro cifras económicas tan grandes como difíciles de aterrizar.
A eso se suma un discurso oficial que, desde hace años, se ha encargado de señalar al sector empresarial como culpable de casi todos los males nacionales.
El resultado es una percepción social negativa que, en el mejor de los casos, los presenta como ajenos y lejanos; y en el peor, como enemigos del “pueblo bueno”. Así se construye otra división artificial más. Como si nos hiciera falta.
No es algo nuevo. Históricamente, los empresarios han sido villanos recurrentes, con y sin razón, tanto en la ficción como en la vida real. Fijando colectivamente esta narrativa para ser explotada, sobre todo, por gobiernos populistas que encuentran en ella un atajo cómodo: simplificar la realidad, señalar culpables y evitar responsabilidades.
Esa narrativa simplista y caricaturizada, que pinta a los empresarios como élites intocables beneficiarias de privilegios heredados, no resiste el menor contraste con la realidad. Aun así, se repite tanto que termina distorsionando la comprensión del sector empresarial en México.
Porque casi el 99% de las empresas del país son MiPyMEs. Negocios pequeños y medianos que generan más del 70% del empleo nacional y aportan cerca de la mitad del valor agregado de la economía. La inmensa mayoría son hombres y mujeres de a pie que todos los días levantan la cortina, pagan nómina, sobreviven a la inseguridad, a la extorsión y a una burocracia que los asfixia.
Las MiPyMEs no son una moda. Han estado ahí desde siempre. Son, históricamente, la base real de la economía mexicana. Y hoy, más que nunca, están sosteniendo a un país que ha decidido caminar cuesta arriba… y con los ojos cerrados.
Las MiPyMEs compiten en condiciones desiguales: financiamiento caro o inexistente, trámites absurdos, inseguridad creciente, baja digitalización y una política pública que, a pesar del peso económico y social que éstas tienen, durante los últimos años, decidió mirar hacia otro lado. El resultado es un ecosistema empresarial fragmentado, donde emprender se ha vuelto un acto de resistencia más que una apuesta de crecimiento.
Durante años, México tuvo un espacio que entendía esta realidad: la Semana Nacional del Emprendedor, organizada por la Secretaría de Economía a través del INADEM. Fue, sin exagerar, el corazón del ecosistema emprendedor del país y uno de los más relevantes de América Latina. Ahí se conectaban ideas con capital, talento con mentoría y pequeñas empresas con herramientas reales para crecer.
Ese espacio desapareció. Básicamente porque no encajaba en la lógica de un gobierno que desconfía del emprendimiento, sospecha del empresario y prefiere forzar sus narrativas antes que construir capacidades.
Cuando el Estado abandona su responsabilidad, alguien tiene que tomar la estafeta. Y en este caso, la iniciativa privada organizada lo hizo.
Por eso es relevante y necesario hablar de la Feria Internacional de Innovación y Emprendimiento (FIIE) 2026, impulsada por COPARMEX Nacional. No como un evento aislado, sino como una señal clara de que el empresariado entiende el momento que vive el país y asume su papel.
La FIIE no parte de la nostalgia, responde a un diagnóstico. Reconoce que las MiPyMEs necesitan conocimiento aplicable, contactos estratégicos, acceso a cadenas de valor, herramientas de digitalización y rutas claras de crecimiento. En otras palabras, lo que la política pública dejó de ofrecer.
Que la FIIE sea gratuita y se realice en un espacio abierto como el World Trade Center de la Ciudad de México es una declaración de principios: democratizar el acceso al conocimiento, cerrar brechas y construir un ecosistema que no dependa del humor del gobierno en turno.
Conferencias magistrales, talleres prácticos, zona de incubadoras, encuentros B2B, pabellón internacional, sala pitch y vinculación con universidades no son adornos. Son piezas de un diseño pensado desde la realidad de quien emprende y no desde la comodidad del escritorio público.
Aquí hay una idea que vale la pena subrayar: la iniciativa privada no sustituye al Estado, pero tampoco puede cruzarse de brazos cuando éste falla. El empresariado organizado no es oposición ni comparsa. Es un contrapeso legítimo y un actor indispensable para el desarrollo.
Defender a las MiPyMEs no es un acto de caridad ni un gesto ideológico. Es una estrategia económica elemental y, sobre todo, una decisión de país. Cada negocio que sobrevive, crece y se formaliza fortalece el empleo, la cohesión social y la estabilidad democrática. Cada MiPyME que cae, deja un vacío que rara vez se llena con algo mejor.
Tal vez el mayor error de los últimos años ha sido creer que la economía se sostiene sola, que los pequeños negocios “se las arreglan” y que el emprendimiento puede esperar. La realidad es otra: sin un ecosistema que los respalde, las MiPyMEs no crecen; apenas resisten. Y un país que sólo resiste, no avanza.
La FIIE 2026 es una buena noticia porque recuerda algo que nunca debimos olvidar: cuando se fortalece una MiPyME, se fortalece México. Todo lo demás son discursos.
Un abrazo.
La entrada Las MiPyMEs, el motor ignorado de la economía mexicana se publicó primero en El Heraldo de Puebla.
Con información de UNAR AGENCY
