La avanzada pentecostal: bancada propia y un predicador multimillonario que se pone el traje presidencial
El predicador que quiere ser presidente de Argentina
Dante Miguel Gebel es el hijo de un carpintero de origen alemán, Federico, y de una descendiente de ingleses, Nelly. Una familia obrera típica del conurbano bonaerense que se construyó a fuerza de trabajo y buena vecindad que un día sintió que su destino estaba ligado directamente a la fe. La historia que el mismo Dante cuenta tiene que ver con la sanidad divina, la conversión, y la liberación de vicios y enfermedades gracias a la mediación de un pastor pentecostal: “Yo era chiquito, tenia casi siete años y mi mamá se moría de cáncer, pesaba 45 kilos. Debido a ello mi viejo estaba casi siempre alcoholizado…”

El entonces adolescente no fue ajeno a ello, y así como su hermano Gabriel se hizo predicador -famoso por difundir la palabra de Dios en tugurios y cabarets y hasta en el famoso “Cocodrilo”– Dante se construyó a si mismo como un referente juvenil que con una enorme y bien pensada campaña publicitaria logró en los 90 llenar sus primeros estadios con eventos conocidos como “Superclásicos de la Juventud”.
Música, luces, sonido, una parafernalia que lo mostraba un día como un actor de Hollywood al estilo de “Duro de matar” y al otro como a un cantante tipo Chayanne, convocaron a miles de personas, fundamentalmente jóvenes, que llegaban a Capital desde todo el país para ver al tipo que les hablaba de Dios y de la “teología de la prosperidad” en su propio idioma. Un genio del marketing. Llenó dos veces River, una vez Boca, dos Vélez y el epítome fueron 120 mil personas en el Estadio Único de La Plata.
Para entonces ya estaba casado con Liliana, con quien tuvo cuatro hijos: Brian Federico, Kevin Daniel, Jason Anthony y Megan Lilian. Para 2009 su período de fama en Argentina había quedado eclipsado, y el viento lo llevó a mudarse a Estados Unidos junto a su familia. Se instalaron en Orange, California, para “pastorear” la iglesia hispana en la icónica Catedral de Cristal en Garden Grove. Cuando llegó, la iglesia estaba en quiebra: debía alrededor de 55 millones de dólares y arreciaban las demandas a la Junta Directiva y terminaron vendiendo el edificio a la Iglesia Católica.

A Dante la gente lo sigue, y la feligresía que había logrado convocar en la Iglesia de Cristal, lo siguió hasta el Centro de Convenciones Anaheim, donde empezaron a funcionar como “Favorday Church”. Y entonces llegó el salto: “River Church”, su propio emprendimiento. En el registro de empresas Dante Guebel dató seis en los últimos años: Dante Gebel Ministries INC; River Church USA Incorporated; Open Line Group LLC; Favorday; Dante Gebel Ministries Inc en Weston y DMG Entertaiment Group Corp. En algunas de ellas los socios se repiten y solo una se mantiene activa: River Church, en sociedad con el pastor Rich Guerra quien, a su vez, tiene registradas 169 iglesias-empresas más.
Es un showman de la fe, un hombre que no vacila en mostrarse como lo que es: megamillonario. Y mientras posa en sus autos de altísima gama mientras el chofer le abre la puerta, luce trajes de miles de dólares y calzado italiano y se fotografía en una Ferrari F355 Spider Giallo amarilla en la puerta de su mansión, pregunta a quien quiera oírlo: ¿Qué culpa tengo que Dios me bendiga tanto y que Él sea fiel a sus promesas?
Es claro, Gebel sostiene que la prosperidad económica libera la mente de las preocupaciones materiales y permite mayor claridad estratégica para servir a Dios, por lo que su “vida resuelta”, como él mismo afirma, gracias a los donativos ajenos le permite esa libertad de acción para abocarse de lleno al servicio divino. La solidaridad no le es ajena, tampoco: desde su iglesia asisten a decenas de familias, y es un clásico de la congregación tomar una familia que pasa necesidades y armarle una casa desde cero, con todo lo necesario. En Argentina, por cierto, facilitó los recursos para que en plena invasión de dengue se pueda fabricar repelente a bajo costo, y contribuyó con alimentos en la inundación de Bahía Blanca.

Es parte del concepto de “siembra y cosecha” que Gebel transmite: cualquier donación o acto de generosidad con él, es una semilla de Dios que se multiplica en otros, un buen argumento para evitar cuestionamientos a su propia opulencia.
Su templo se ubica frente a Disneyworld y tiene las dimensiones de un estadio de fútbol, y si bien el edificio es propio, la Iglesia es parte de las Asambleas de Dios de los Estados Unidos, que tiene más de tres millones de miembros en USA. En su página web y debajo de su foto, vestido de smoking se informa que “tu aporte nos ayuda a llevar el Evangelio a todo el mundo” y el modo de hacerlo efectivo: Pay Pal, Visa, MasterCard, Maestro y American Express. Y si estos canales no fueran suficientes, también se puede aportar a la obra de Gebel utilizando cheque, por teléfono y por mensaje de texto.
No todos sus ingresos dependen de la caridad ajena: él escribe libros que se venden como pan caliente, recorre el mundo con su obra de teatro que es una mezcla de oficio religioso con stand up sensible; las “cruzadas”, eventos masivos en estadios; y no es desdeñable el dinero que le dejan las redes sociales, donde tiene millones de seguidores, y el canal de Youtube, donde recauda millones de dólares por año.

Además tiene sus propios programas de televisión, por los que ganó un Martín Fierro: “Dante Night Show” en coproducción con Universal Studios y emitido por TV Azteca, y “La Divina Noche de Dante”, en Canal 9 y Canal 13 de Argentina. Nada distinto, aunque modernizado, de la fórmula exitosa implementada por los famosos telepredicadores yanquis desde hace setenta años.
Esos raros amigos
El último año llenó teatros en Argentina con su gira “Presidante”, y el afiche lo muestra en primer plano con una banda presidencial, por si alguna duda cabe de sus intenciones políticas en corto plazo. Cuando se le pregunta por su posicionamiento político toma una postura de calculada ambigüedad: es imposible sacarle una opinión firme sobre cuestiones coyunturales, programáticas o personajes públicos; y aunque dice que meterse en política es tirar su “honra a los perros”, algunos referentes ya han hablado por él, como Eugenio Casielles o el dirigente sindical de los aeronavegantes Juan Pablo Brey, dos de sus posibles armadores políticos.
El primer escollo que deberá sortear tiene que ver con el único vínculo político que ha mostrado públicamente: Nayib Bukele. No se puede soslayar que fue una figura central en las dos ceremonias de investidura, en las que fue invitado a dirigir una oración y ofrecer un discurso. Si la primera participación pudo haber sido producto de la ignorancia, la segunda fue motivada por la certeza. En su discurso Gebel dijo que “El Salvador es una nación bendecida por Dios”, y vinculó esas bendiciones con la gestión del presidente.
Analistas como Juan José Tamayo Acosta sitúan a Gebel dentro de un movimiento global denominado la “Internacional Cristo-neofascista” o la “Extrema derecha de Dios”. Esta red, compuesta por evangélicos fundamentalistas y católicos integristas, busca influir en la política para promover una agenda conservadora, neoliberal y patriarcal, oponiéndose a derechos como el matrimonio igualitario y el aborto.
Se señala que Gebel mantiene “vínculos con pastores ultraconservadores de Estados Unidos”, lo que lo alinea con la infraestructura ideológica y el soft power de la derecha religiosa estadounidense. Su participación en eventos como la celebración del 71º aniversario de la independencia de Israel en Uganda, junto al embajador adjunto israelí, refuerza su perfil como un actor en la escena diplomática y religiosa internacional.

Las coincidencias con Javier Milei en estos asuntos son bastante claras, ambos comparten un mismo fragmento de pensamiento político influenciado por lo religioso y sus think thank, proveniente del trumpismo en particular y de la derecha norteamericana en general. Ambos son, también, outsiders de la política convencional, y si bien los diferencian los modales, no parecen tener otras cuestiones que los distancien. Será cuestión de ver como llegan ambos al 2027, el año de sus sueños electorales. Desde estas páginas aconsejamos a Gebel que abandone los trajes con cuello mao, para no ser semejante al estilo del personaje de la serie “El Reino”.
