Como en la cima del Everest

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Siempre he pensado que hay pocas cosas que la música no pueda solucionar. Pero hacía tiempo que los primeros versos que me venían a la cabeza no definían tan bien el momento por el que atravesaba. Cuando sonó el despertador a las 5:20 de la mañana (hora saudí), en mi cabeza retumbaba lo siguiente: “Vuelvo a despertar y sonrío mientras voy perdiendo el juicio”. Y si algo precisamente consigue el Dakar en cualquiera, es una sonrisa que carece de cualquier tipo de sentido. Porque cuando lo vives, la experiencia está muy lejos de cubrir todas las necesidades con las que convivimos en nuestro día a día.

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Con información de UNAR AGENCY