Comer carne nos hizo humanos?

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El respeto a la vida de todo animal que habita la tierra y poder diferir nuestros deseos luego de procesarlos intelectualmente, nos aleja de ser  puramente manejados por conductas instintivas Esto no significa negar nuestra pertenecía al mundo animal con una inteligencia superior y estar atados a tener que alimentarnos de estos, supuestamente más débiles. Quizás hoy en día se conozcan miles de alternativas al consumo de carne, pero el hecho que reproduzcamos vacas y otros animales en criaderos y para nuestro sustento, lejos está de ser y como se quiere imponer, algo evitable.

Es obvio que lo que se cuestiona es la manera en que los matamos y no el porqué, pero el tema ha ido tomando diferentes protagonismos a la hora de debatir valores. El Veganismo arremete con furia en casos donde siente que la muerte no es el final de un ciclo natural de la vida sino un asesinato sin piedad.

Morir está omnipresente en la vida y es producto de la impermanencia eterna de todos los que la habitamos, por lo tanto no es un hecho desnaturalizado, pero es imprescindible aplicar alguna conducta ética a la hora de que ello ocurra. Los animales no son un mero producto a producir en cantidad para el consumo, son seres vivos y de ninguna manera cosas para explotar laboralmente o solo deglutir.

El hombre ha seleccionado como su alimento a determinadas especies y los ha descolocado de su rol primigenio en el medio ambiente. Este lugar es existir y depredar algún otro animal y no ser instrumentos de trabajo, transporte o diversión. Los hemos moldeado por años a estas tareas, las que ya le son casi específicas y las tomamos como naturales. Aunque debemos alimentarlos y debemos convertirnos en depredadores por nuestra subsistencia, se trata de cazar o atrapar y comer en circunstancias donde el otro no sea despojado de su condición animal vivo y no cosificarlo. Por lo que, sin aplicar ningún tipo de dolor o abuso, este consumo debería ser un proceso de selección por la subsistencia y no una exacerbación de la crueldad y el poder.

Con eslogan como “Carne es muerte”, “Veganismo es justicia”, manifestantes expresan su rechazo al sacrificio de animales para alimentación humana, sino también a otras formas de producción de alimentos de origen animal. No consumen ningún producto de este origen, esto incluye por supuesto a la carne, los huevos e incluso los productos lácteos, e intentan expandir esta cosmovisión alimentaria a nivel mundial. El origen de estos postulados son éticos y morales, por lo que no es nada descabellado reflexionar sobre las implicancias de esta conductas.

EL Mono se va poniendo de pie

Hubo un momento en los comienzos del hombre que además de frutos, hojas e insectos, comenzó a incorporar, en ocasiones, carne. El análisis de sus restos fósiles, específicamente de sus dientes, nos permiten aseverar que ya en su etapa de Homínidos esta conducta era común. Pero existe evidencia morfológica que en determinado momento hubo un salto cuantitativo de este consumo y esto fue cuando establecieron relaciones sociales más complejas, de lo que se deduce comenzaron a cazar en cooperación con otros pertenecientes al mismo grupo. La evidencia de esto es el hallazgo de herramientas filosas de piedra como navajas que datan de este periodo. Esto fue hace unos 2.5 millones de años y nuestra especie todavía estaba cerca de nuestros ancestros los monos.

El hecho que se conviviera en grupos, les permitió matar animales más grandes y comer mayor cantidad de carne o sea proteína animal, lo que incrementó el tamaño de su cerebro y posibilitó el desarrollo de un sistema nervioso más complejo. Este necesitaba de una gran cantidad de energía de determinada calidad, y la consiguieron sobretodo de la grasa de los animales que cazaban. 

Estos ácidos grasos fueron fundamentales para que se desarrolle más energía, más destreza y sobre todo, un correcto funcionamiento del nuevo cerebro de mayor tamaño, con todo lo que ello ha supuesto para nuestra especie. Aunque puede sonar excesivo, no es aventurado afirmar que comer carne fue lo que nos hizo verdaderamente humanos.

Somos lo que comemos y como lo hacemos.

Que esto se haya incorporado a nuestra vida natural, no quiere decir que desconozcamos los procesos mecánicos industrializados que implica el consumo de alimentos. Y allí la ética para el trato de animales no es discutible, debería ser un dogma inquebrantable respetar su muerte que está en función de nuestra vida. Específicamente la industrialización de los alimentos nos ha alejado del trato cotidiano con ellos. Estamos mecánicamente preparados para comprar alimentos industrializados, lo que permite el crecimiento de miradas más humanas hacia ellos. Lo que compramos es un producto para comer, el animal, con el que no nos relacionabamos en el acto de su caza, es una tierna mascota y no asociamos las dos puntas. No conectamos a aquellos que priviliegiamos con nuestro buen trato con los que cosificamos como producto comestible

Animales animados en el cine y la tv

Desde chicos las películas nos muestran animales humanizados y es esta característica la que proyectamos victimizándolos. De aquí surge la furia vegana que nos consideran salvajes, cueles, defendiendo una vida y alimentación basada en vegetales. Pero aún así la alimentación carnívora no deja de ser algo natural, no es una imposición, podríamos establecerla como consecuencia del desarrollo darwiniano durante siglos.

La concepción del mundo natural de los veganos encuentra paradójicamente en algunos casos características de un fundamentalismo que puede resultar peligroso. Basta consultar a cualquier profesional del tema para ver que a veces sirve de marco ideológico y enmascara algunos trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia nerviosa.

En resumen, no pedimos no comerlos, no exigimos que cada jefe de famila salga de caza como en el pasado. No olvidemos que a pesar de todas sus gracias en sus rol de mascotas, son nuestro alimento. Este detalle no implica la cosificación, ni el maltrato, ni el abuso, ni la deshumanización, a la hora de sacrificarlos.

Lo que hacemos para comer

Los productos elaborados de manera industrial que utilizan como combustible los derivados de los hidrocarburos, no solo erosionan la atmósfera, sino que en su procesamiento nos trasladan una cantidad de químicos, como colorantes y saborizantes, que muy lejos está de ser una dieta sana. Muchas de estas sustituciones pueden ser bienvenidas, con buenas intenciones de proteger el mundo animal, pero sus componentes son verdaderos venenos en porciones que nuestro cuerpo asimila por años.

En el caso de Argentina, la expansión de la frontera agrícola es desde hace décadas la principal amenaza para la biodiversidad. Transformar bosques, humedales y pastizales en campos de cultivo debería verse como un genocidio, pero la sociedad industrializada solo lo ve como un negocio.

La veneración absoluta por la vida es característica de algunas religiones orientales como el Budismo, que tienen como dogma evitar dañar a cualquier ser viviente. Esta postura es expresada en sistemas de vida extremos, pero coherentes, que hacen culto cotidiano de su fe. Tales actos no son descontextualizados con los modos de vida de quienes lo practican, ni son mitigados por ninguna circunstancia, creencia o pensamiento científico, simplemente responde a un pensamiento colectivo culturalmente respaldado por miles de años de práctica y seguimiento.

Finalmente somos carnívoros, no por opción sino por ocasión. Esta se gestó hace miles de años y nos constituyó en lo que somos. La agricultura fue y será una piedra basal sociológica. Desde ella el hombre construyó sus asentamientos y vivió en continuo intercambio con el otro. La alimentación en la era tecnológica industrial es muchas veces una pócima de productos químicos que nos atraen por color u aroma, pero se han alejado de su propósito nutritivo.

Estamos generando los problemas de salud que luego la industria de los fármacos tomará como posta para paliar las consecuencias. Desconocer que comemos carne es negarnos a lo que hoy somos, proponernos cambiar las costumbres de alimentación exigen la responsabilidad de que se pueda acceder a esto sin generar ningún nuevo desarreglo nutricional. Respetar a los animales, así sea los que vamos a comer, es un principio de dignidad que como seres con libre albedrío deberíamos implementar obligatoriamente en cada una de las empresas que lo hacen.

Podremos cambiar hábitos culturales?, si es posible, pero quizás sería bueno dar una mirada al camino que nos trajo hasta aquí, para intuir cuanto nos puede costar llevarnos por uno diferente. Comer o no carne, no es la única opción, creo que la que se esconde y no tiene respuesta es: comer alimentos industrializados, cultivos bañados de agro- tóxicos y enfermarse constantemente o generar alimentos más sanos y poder darle una muerte respetuosa a animales que serán nuestro sustento, justificando asi nuestra supuesta jerarquía en la cadena evolutiva de la vida.

Datos: “En defensa de nuestro Planeta” de Maria beatriz Schroh