2026: El optimismo oficial vs. la realidad empresarial
Hay años que simplemente pasan, y hay otros que te ponen frente al espejo.
2026 pertenece a la segunda categoría.
He estado revisando el reciente posicionamiento de COPARMEX Nacional: “2026 marcará el rumbo de la inversión, el empleo formal y la certidumbre en México”, a pesar de que la COPARMEX nunca ha sido de obsequiar halagos a ningún gobierno, y siempre ha mantenido posiciones firmes y claras con respecto a los temas económicos y sociales en nuestro país, éste no es un documento alarmista, claro que tampoco es una carta de buenos deseos, faltaba más.
Es, más bien, una advertencia sobria y precisa: palabras más, palabras menos dice: si seguimos tomando malas decisiones, no habrá discurso que nos salve.
Las cifras son claras. Mientras el FMI, la OCDE y el propio Banco de México estiman un crecimiento entre 1.1% y 1.5% del PIB para 2026, el Gobierno Federal insiste en proyectar un optimismo que no se sostiene en la realidad productiva del país. No es la primera vez que vemos esta película: el problema no es la estabilidad macroeconómica —que existe— sino la incapacidad de transformarla en confianza, inversión y crecimiento sostenido.
La COPARMEX reconoce que México no está en crisis, pero es clara al afirmar que tampoco está avanzando. Y no le demos más vueltas, en un mundo que corre, quedarse quieto equivale a retroceder.
El documento de COPARMEX acierta al señalar que el gran cuello de botella no está en los números, sino en las condiciones. La economía puede crecer poco y aun así generar bienestar… pero sólo si hay inversión productiva. Y la inversión, nos guste o no, es profundamente sensible a la certidumbre jurídica, la seguridad y la fortaleza institucional.
Ahí empiezan los problemas.
Más de la mitad de los trabajadores mexicanos siguen en la informalidad. No por vocación rebelde ni por espíritu libertario, sino porque el sistema los empuja hacia ahí. La informalidad es una consecuencia que seguirá acrecentándose mientras sigamos castigando al que cumple, regulando hasta el absurdo al pequeño empresario y asfixiando a las MiPyMEs con trámites inútiles. El empleo formal seguirá siendo otra promesa incumplida.
El aumento al salario mínimo, aunque necesario, es insuficiente si no viene acompañado de productividad, capacitación y crecimiento empresarial. El empleo formal no se decreta desde Palacio Nacional: se construye con empresas viables, reglas claras y un entorno que no castigue al que arriesga.
Pero si hay un tema que atraviesa todo el análisis —y que muchos prefieren evadir— es la inseguridad. La extorsión, que según datos de #DataCoparmex fue el único delito que creció en 2025, es hoy un impuesto criminal que pagan miles de empresas todos los días. Con una cifra negra cercana al 97%, la realidad es mucho peor de lo que reconocen las estadísticas oficiales.
No hay nearshoring que aguante una llamada para cobrar el “derecho de piso”.
Y hablando de nearshoring, la oportunidad sigue ahí, intacta pero desperdiciándose lentamente. México tiene ubicación, mercado, tratados y talento. Lo que no tiene —o ha decidido debilitar— es certidumbre. La revisión del TMEC en 2026 será una prueba de fuego. Si llegamos divididos, ideologizados y con instituciones erosionadas, no habrá discurso soberanista que compense la desconfianza de los inversionistas.
Hace unos meses tocamos este tema. La inversión no huye por falta de patriotismo; huye por exceso de riesgo.
El documento de COPARMEX también pone el dedo en una llaga incómoda: el entorno político e institucional. Las reformas planteadas —judiciales, electorales y de debilitamiento de contrapesos— han generado la percepción de que en México las reglas pueden cambiar dependiendo del humor del poder. Y no es solo percepción. El problema es que cuando eso ocurre, el capital se detiene, el empleo se frena y el crecimiento se aplaza.
Defender al Estado de Derecho no es una obsesión empresarial; es una condición mínima para el desarrollo. Sin jueces independientes, sin respeto a los contratos y sin instituciones sólidas, la economía se convierte en una apuesta de alto riesgo.
Ahora bien, sería un error quedarnos sólo en el diagnóstico. COPARMEX plantea seis ejes claros: certidumbre jurídica, seguridad, energía competitiva, finanzas públicas responsables, fortalecimiento de MiPyMEs y una verdadera integración regional. No hay nada revolucionario en ello. Precisamente ahí está el punto: México no necesita más ocurrencias al calor de encendidos discursos en el Zócalo, necesita consistencia.
2026 puede ser el año en que confirmemos que el país decidió normalizar la mediocridad… o el año en que, finalmente, entendamos que sin instituciones fuertes no hay justicia social posible, y sin empresas sólidas no hay bienestar duradero.
El optimismo no puede ser ingenuo, pero tampoco puede desaparecer. México aún tiene margen. Lo que no tiene es tiempo.
Y esta vez, no decidir también será una decisión.
¡Un abrazo!
Rubén Furlong Martínez
Los leo en X: @RubenFurlongM
La entrada 2026: El optimismo oficial vs. la realidad empresarial se publicó primero en El Heraldo de Puebla.
Con información de UNAR AGENCY
