Obsesión por comer sano, el trastorno alimentario de hoy

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By Daria Shevtsova . Pexels

Cada  vez son más las personas que apuestan por una dieta equilibrada sobre la base de alimentos saludables, pero, ¿qué pasa cuando el culto al cuerpo perfecto se lleva al extremo?

Más de uno recordará aquel capítulo de Los Simpson en el que Homero se lamenta por su físico al ver el cuerpo de otros desfilar por “Evergreen Terrace” (Avenida Siempreviva). En aquel episodio, el padre de la familia amarilla dice indignado “¡Todos tienen lavadero y yo tengo lavadora!”, haciendo mención a su barriga producto de horas de holgazanería, cervezas y comida chatarra. Esta escena no es más que una fiel representación de la realidad en la que muchas personas se ven inmersas: “los índices de obesidad han aumentado considerablemente; especialmente en niños y jóvenes”, dice el psicólogo Claudio Bermúdez. Pero, al otro lado de la calle, nos encontramos con aquellas personas que apuestan por una dieta equilibrada sobre la base de ejercicio diario y una alimentación saludable. Basan su dieta en consejos que ven en las redes sociales, en donde “abundan personajes –conocidos generalmente por la cultura fit- que nos dicen qué rutina hacer en el gym y hasta qué comer para lograr el cuerpo perfecto”, añade el profesional. Lo cierto es que, “ni una cosa ni la otra” es sana para nuestro organismo porque, perseguir constantemente el “comer sano -solo alimentos que consideramos saludables- y matarnos en el gimnasio con largas sesiones no nos garantiza una buena salud sino, todo lo contrario, genera una obsesión”, afirma.

¿Y cuál es esta obsesión? Alejándonos de la bulimia y la anorexia, aquí nos referimos a la Ortorexia,  un trastorno alimentario que se destaca por la obsesión hacia la comida saludable: “La persona necesita consumir sí o sí alimentos 100% saludables, sin conservantes, químicos, entre otros, por miedo a enfermarse”, analiza la nutricionista Agustina Murcho. Estas personas obsesionadas por lo que comen, dicen “sentirse “sucios” cuando no consumen lo que ellos mismos preparan, cuando no saben qué ingredientes contiene el alimento. También necesitan comprar alimentos en lugares donde sepan cómo se hacen, donde les de tranquilidad, necesitan pesar cada cosa que se llevan a la boca para mayor control”. Este trastorno está “bien visto” porque se cree que la persona come saludable, pero cuando es una obsesión deja de ser sano. Literalmente, significa “hambre por la comida correcta”. Es decir que, a diferencia de la anorexia y la bulimia, los ortoréxicos centran su atención en la calidad de los alimentos que ingieren, “buscan que sean lo más sanos posibles y, de profundizarse este cuadro, puede desembocar en anorexia”, dice el psicólogo.

Photo by Kaboompics .com from Pexels

La ortorexia es un trastorno poco conocido “al principio es inocente y busca cambiar el hábito alimenticio pero, luego, corre el riesgo de transformarse en una verdadera obsesión”, agrega Bermúdez. Se estima que la mayor parte de la población afectada por este desorden en la alimentación es adolescente, por ser quienes más contacto tienen (a través de las redes sociales) con personajes que promueven jornadas extensas en el gym y una dieta estricta a gran escala. Pero, lo cierto es que esta trampa de vida sana, también afecta a adultos –hombres y mujeres- de entre 30 a 45 años.  Cabe destacar que, no buscan bajar de peso, aunque sí quieren lograr un cuerpo perfecto pero, sobre la base de “comer bien”. Todo gira en torno de lo que llevan a su boca más que en bajar de peso. Esta avalancha de seguidores del “cuerpo perfecto y alimentación extrema” va de la mano con el avasallamiento tecnológico y publicitario ya que “constantemente nos muestran cuerpos perfectos vistos como saludables. Esto es más que nada cultural y afecta la salud de las personas que siguen esos falsos estereotipos”, reflexiona el psicólogo. Si bien este trastorno se vinculó con un tipo específico de práctica deportiva, “no es el deporte en sí lo que dispara el trastorno, sino que -en la ortorexia- también hay mucho control en lo que es el ejercicio. Hay también obsesión con disminuir masa grasa y aumentar masa muscular, lo que hace que el paciente necesite ir al gimnasio por más que esté enfermo”, afirma Murcho. Y este punto es interesante que el paciente no tiene conciencia de enfermedad, “por eso mismo es más difícil lograr que comprendan que están ante un trastorno: para ellos no hay nada que curar”, comenta Bermúdez. Pero, en la realidad este trastorno “tiene como consecuencia el déficit de varios nutrientes, amenorrea (pérdida de la menstruación) por bajo peso, aislamiento social”, enfatiza la nutricionista. 

Según el profesional de la salud mental, los alimentos no deben catalogarse como saludables o no. En la misma sintonía, Murcho pone el foco en el hábito en general: “Una alimentación sana es aquella donde predominen los alimentos de mejor calidad -como las frutas, verduras, cereales integrales, entre otros-, y donde podamos disfrutar también de aquellos alimentos que comemos por placer o en eventos sociales, pero siempre respetando las cantidades”.

Photo by Jill Wellington from Pexels

Signos de alerta

Los ortoréxicos desconfían de aquello que en otros lugares se come. Solo confían en sus preparaciones, están convencidos de que cumplen con la exigencia de “saludable”. Por lo tanto, uno de los primeros signos de alerta es el aislamiento: “Evitan encuentros sociales porque creen que la comida que habrá no será saludable, además, para no decirlo explícitamente, ponen excusas  para no asistir a reuniones o eventos así como para no probar bocado –en caso de haber ido-“, sostiene el psicólogo.

Otro aspecto a considerar es la tecnología, es decir, ¿qué ven en las redes?, ¿a quién siguen?, ¿qué publicaciones hacen?, ¿qué piensan de la comida sana?, ¿buscan información sobre comida orgánica? Asimismo, es importante detectar si en el seno familiar se dan discusiones al respecto: ¿qué opina sobre la dieta que lleva la familia? Poco a poco van descartando grasa animal y embutidos de su dieta. El segundo paso es cambiar las harinas blancas por las integrales, olvidan los hidratos de carbono y los conservantes.

Photo by Jonathan Borba from Pexels

¿Qué hacer?

Antes que nada visitar a un profesional para poder diagnosticar a tiempo el trastorno. Luego, tomar contacto con los hábitos alimenticios de todo el grupo familiar. Para Agustina Murcho, “los hábitos se deben modificar cuando uno no come bien, cuando hay desorden de horarios, cuando hay porciones excesivas, si hay picoteos entre comidas, necesitamos aprender qué cantidad de cada alimento debemos consumir, junto con un profesional”.

Otro hábito que debemos adquirir es el de la actividad física, pero hacerla por gusto, “porque nos hace bien, y no realizarla solamente para bajar de peso, porque de esa manera no la disfrutamos”, añade la nutricionista. Por otro lado, el psicólogo destaca que lo ideal es “entender que comer sano es comer de manera equilibrada, disfrutar de un buen plato, variar los alimentos y, sobre todo, valorar nuestro cuerpo físico, alejarnos de las redes y los estereotipos, contactarnos más con nuestras emociones, comer bien, lo justo y necesario”.

Victoria Navicelli

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Publicado por: Victoria Navicelli

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