La sociedad de la transparencia de Byung Chul-han

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Licenciado en filosofía de la UNSAM
Técnico superior en Periodismo de la UNLP
Guionista Escuela de Arte La Ola

Por Matìas Monterubbianesi

El filósofo coreano realizó sus estudios de Filosofía en la Universidad de Friburgo y Literatura alemana y Teología en la Universidad de Múnich. Hoy por hoy ejerce la docencia en la Universidad de las Artes de Berlín y es considerado un autor  prestigioso por sus breves pero substanciosas obras. En el caso de La sociedad de la transparencia, el filósofo nos invita a reflexionar acerca del actual sistema atravesado por la transparencia, que entre otras cuestiones, impacta en la relación del hombre con el mundo virtual de las redes, cuyo uso-positivo conlleva a la conformación de un panóptico 2.0.

El panóptico

El panóptico en sí es una forma de estructura arquitectónica diseñada para cárceles y prisiones. Dicha estructura suponía una disposición circular de las celdas en torno a un punto central, sin comunicación entre ellas y pudiendo ser el recluso observado desde el exterior. En el centro de la estructura se alzaría una torre de vigilancia donde una única persona podía visualizar todas las celdas, siendo capaz de controlar el comportamiento de todos los reclusos.

Éstos, sin embargo, no podían ser nunca conscientes de si eran vigilados. Así, el recluso podía estar siendo vigilado a cada momento, habiendo de controlar su comportamiento con el fin de no ser castigado.

La teoría del panóptico de Michel Foucault

La idea del panóptico sería recogida por Michel Foucault, que vería en la sociedad actual un reflejo de dicho sistema. Para este autor, el paso de los tiempos ha provocado que nos sumerjamos en una sociedad disciplinaria, que controla el comportamiento de sus miembros mediante la imposición de la vigilancia. Así, el poder busca actuar a través de la vigilancia, el control y la corrección del comportamiento de la ciudadanía.

El panoptismo se basa, según la teoría del panóptico de Michel Foucault, en ser capaz de imponer conductas al conjunto de la población a partir de la idea de que estamos siendo vigilados. Se busca generalizar un comportamiento típico dentro de unos rangos considerados normales, castigándose las desviaciones o premiándose el buen comportamiento.

Autogestión y autocensura

Este modelo social hace que el individuo autogestione su comportamiento, dificultando la coordinación y fusión con el grupo en pos de mantener la conducta dentro de un rango establecido como correcto por el poder. Se dificulta la formación y acción de grupos divergentes con el orden establecido.

El hecho de que la vigilancia sea invisible, es decir que las personas observadas no puedan determinar si están siendo observadas o no, hace que el comportamiento individual sea controlado incluso cuando no se vigila. El sujeto en posible observación intentará obedecer las normas impuestas con el fin de no ser sancionado.

Foucault dice que el panóptico expresa muy bien el tipo de dominio que se da en la edad contemporánea: los mecanismos de vigilancia son introducidos en los cuerpos, forman parte de un tipo de violencia que se articula mediante las expectativas y los significados que transmiten los espacios y las instituciones.

En su obra titulada La sociedad de la transparencia, Byung Chul-Han presenta una mirada crítica a la sociedad del s. XXI desde una perspectiva filosófica que tiene como tema central la transparencia que impregna todos los sucesos del sistema social-digital.  Para ello distingue dos conceptos: el de negatividad, rasgo excluido de la sociedad de la transparencia, y el de la positividad, que hace posible un sistema en la que todo es expuesto y nada permanece en el terreno oculto-privado. Esta caracterización conceptual nos propone centrarnos en la noción de transparencia que precisa como conditio sine qua non de la positividad (la insaciable puesta en escena) para constituirse.

La transparencia, lejos de emerger como una solución final para las sociedades represivas, constituye un nuevo problema: cuánto más transparente es la sociedad, menos se precisa de un sistema de control institucional que ejerza el orden desde panópticos, es decir, centros de vigilancia y adoctrinamiento que operan desde el anonimato (vigilar sin ser visto). El control sistemático y amenazante no es necesario en una sociedad que colabora a recrear un Gran Hermano en el que todos ven y son vistos. De manera que, si bien en nuestro tiempo el sujeto ya no es víctima del panóptico clásico, colaboró a edificar una versión más efectiva y difícil de detectar, pues son los mismos individuos los que se observan y vigilan entre sí. 

Consecuentemente, la positividad surge como uno de los problemas propios de nuestra época, ya que la exposición-observación de la dimensión íntima contribuye a generar un panóptico 2.0, que se diferencia del panóptico de los sistemas penales caracterizados por el ver-sin-ser-visto. En el nuevo panóptico, el sujeto es actor en tanto ojo que observa, y víctima, pues también es observado

En su contracara, Han identifica la negatividad perdida como el polo opuesto a  la sociedad de la positividad. La ausencia de negatividad, que es entendida como oscuridad, misterio, ocultación, es la que le permite al sujeto salvaguardar su singularidad y le resguarda de participar en los rituales de la transparencia, que suscitan uno de los síntomas propios de la sociedad en la que todo se exhibe: el narcicismo o la hipertrofia del ego.

Para el autor, la sociedad promueve la transparencia porque es así como consigue extirparle toda dimensión singular al sujeto; de manera que ésta convierte a los sujetos en elementos funcionales al sistema al verse reducidos a la condición de mercancía. Los rostros y los cuerpos se vuelven objetos de consumo. La sociedad de la transparencia es una sociedad porno en la que nada permanece en lo misterioso, no hay erotismo alguno, sino plena y escenificada exposición pornográfica.

Sin embargo, es menester reparar que la transparencia no es propia del ser humano, solo la máquina es transparente. La esfera privada –enemiga de la sociedad de la transparencia – es natural en el hombre, puesto que éste no puede ni siquiera afirmar que se conoce completamente a sí mismo. La gran paradoja de la transparencia subyace en que ésta impone un determinado orden revestido de libertad, y se formaliza en un panóptico-virtual en la descarnada exposición del hombre en su quehacer diario, por lo cual la esfera privada empieza a disolverse para dar lugar a un ámbito que puede ser visto y controlado por otros.  

Asimismo, la sociedad positiva organiza «el alma humana» al no permitirse las lagunas de información. Se sustituye el pensamiento como fin en sí mismo por el cálculo que siempre piensa en medios, en optimización, en utilidad; se abandona la vida contemplativa, y sólo se busca el consumo y el confort alejado de las complicaciones.

La transparencia derriba las puertas de la intimidad. No tolera las máscaras sino que le apetecen los rostros uniformes. Es coercitiva desde su aparente libertad. Homogeniza las experiencias de vida. Transforma los cuerpos en carne sexuada. Es funcional al sistema y no se interroga a sí misma.

Por lo tanto, para Han, el mundo se ha convertido en «un mercado en el que se exponen, venden y consumen intimidades». La transparencia tiene la capacidad de demandarle al hombre (sin apelar a una orden) por la exposición de su intimidad, de sus confesiones, que se desnude y no guarde secretos, y que a su vez desee ver al otro en su transparente desnudez.

En suma, la sociedad positiva está habitada por sujetos narcisistas que se creen dueños de su propio Gran Hermano, centrados en el «yo» a tal punto que el sujeto observador-observado, se torna incapaz de evadirse a sí mismo.

Publicado por: Pablo Kulcar

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