El “mundo infeliz” de la serie “BLACK MIRROR” y sus pantallas que todo lo ven

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La serie inglesa alardea sobre un mundo donde la tecnología es resultado inevitable del desarrollo y sus decisiones solo producto de cálculos y algoritmos, que desconocen cualquier sentimiento de aquellos que la construyen

Entre los hábitos de consumo, que los últimos dispositivos tecnológicos han cambiado de raíz y para siempre, se encuentra eso que durante años llamamos televisión.

Queremos aparecer, no importe el para qué

Lo que llamamos posmodernismo es una exacerbación de lo personal por sobre lo social. Soy yo y mis circunstancias. El mundo existe solo si me contiene. El otro no interesa más que como un espectador que me constituye, cuando me ve a través de imágenes. Somos nuestro propio génesis conceptual, nada es tan verdadero como una imagen mía en un Iphone. La tiranía narcisista alimenta una oferta artística fragmentada y multiplicada por millones, que relativiza todo lo que hasta hoy llamábamos “gusto”. Hay tanto por mostrar, que ya no es necesario el talento. Con solo un aparato con cámara y el deseo de imitar a quien vimos hacerlo y nos pareció gracioso, también podremos hacer que nos vean. Habremos logrado así existir y ser vistos y navegar en este torbellino impersonal de mensajes cuantitativamente arrollador

La tiranía de nuestra imagen

De lo que no escapamos es de la necesidad de mirar una y otra vez las pantallas, de escribir respuestas a un mensaje totalmente intrascendente que nos invita a dar una respuesta. Ella nos reafirma como eso que soñamos ser, únicos, indispensables y con capacidad para construir nuestro propio régimen de verdad. Uno que es válido, bueno y personal. Con una respuesta a todo y a lo que no puede darla significará que eso mismo, no es relevante para nuestra vida, no nos sirve

La metamorfosis audiovisual

La cultura de lo inmediato se trasladó a la forma de construir y viralizar contenidos audiovisuales. Hoy el renacer de las series las expone a la carta en las plataformas, los capítulos se pueden devorar en una tarde, se los puede detener y volver a consumir, tantas veces como tengamos ganas.

Black Mirror, un futuro tecno-represivo

La necesidad de ver es el ama mater de la serie inglesa BLACK MIRROR. Esta tiene valores artísticos de fotografía y sobre todo argumentales. Básicamente plantea un futuro distópico o sea una sociedad ficticia, indeseable en sí misma, la contracara de la utopía. Su mecánica de vida esta automatizada y a primera instancia se presenta como paradisíaca, donde miles de dificultades han sido superadas por el desarrollo tecnológico.

Cada capítulo es independiente del otro, el único hilo conductor es la tecnología e hilando más fino, las estrellas son las pantallas de diferentes tipos y tamaños de los tan variados dispositivos. Ellos realizan casi todas las tareas que antes hacia el ciudadano, cambiando la esencia misma de lo que “Es”. No hay un lugar privilegiado para lo artesanal, si aparece, es la suma de circunstancias individuales.

Todo es homogéneo, globalizado e impersonal, para todos los gustos hay algo. Pero nadie lo siente como algo colectivo. “Es para mí, sobre mí y para eso la utilizo”.

Hay un capítulo especial donde las personas se dedican exclusivamente a mirar pantallas con una programación, que ni siquiera eligen. Esta les presenta programas de humor burdo, eróticos o diferentes reality shows y van sumando créditos, mientras generan energía pedaleando una bicicleta fija. Estos son intercambiables por diferentes cosas, pero la inteligencia artificial no ve las cosas de forma tan lineal y nada termina como se supone. Aisladas y encerradas en habitaciones de escasas dimensiones, con pantallas en las 4 paredes, acumulan kilómetros de distancias a pedal, soñando esto les permita cambiar su vida. Cosa que obviamente no ocurre

Como en la mayoría de los capítulos, el eje es la mirada propia hacia una pantalla y luego, la de esta, sobre el individuo, controlando y valorizando conductas. Las miradas son inhumanas.

Capítulos demostrativos

En un capítulo mientras un protagonista escapa de sus perseguidores y su vida corre verdadero peligro, cuando pide ayuda, lo único que atinan a hacer quienes lo ven, es a filmarlo con su celular. Esta miserable actitud tiene una explicación, pero nos muestra su enajenación del grupo social con lo real y su apego y confianza solo a lo que los aparatos tecnológicos le informen. Una realidad recortada y funcional al enorme distanciamiento humano de la actualidad que transcurre.

Otro plantea una situación muy significativa de lo que estoy queriendo exponer. En este, las personas intercambian puntuaciones vía celular, cuando interactúan personalmente y eso es lo que les da capacidad de vida, acabada la reserva de puntos, el fin de juego se asemeja mucho a un destierro. No pueden volver a interactuar, ya no hay puntos que ofrecer y el individuo marginado de esta mecánica de intercambios, se convierte en un desecho tecnológico .Pierde su condición y derecho, como parte de la humanidad, a existir.

Los capítulos siguen este juego de mirada y poder, en algunos casos almacenando imágenes de todo lo que nuestros ojos ven, en un programa, que de ninguna manera es inocente o en otros anulando la posibilidad de ver con nitidez los rostros de quienes nos rodean. Un castigo desmedido a determinados delitos y conductas, que el mismo programa o software no admite

La tecnología diseñada para diseñar. (Una conducta social meritocrática y cruel)

Siempre llegamos a la misma encrucijada, la tecnología que nos alivia la vida, nos la regula según los méritos que hagamos. Su juicio genera consecuencias que responden a algoritmos, o sea consecuencias aterradoras, que no incorporan la idea de la piedad y justicia, tal cual hoy las percibimos. Solo resuelven situaciones desde sus pre conceptos internos, sin siquiera poner en contexto humano aquello que si lo es, o lo era, hasta que se prendió la vigilante pantalla del dispositivo que los controla

Pablo Kulcar

Pablo Kulcar

La reflexión no atenta contra la necesidad de informar.Una noticia no deja de ser un recorte subjetivo, que hacemos, de lo que llamamos "la realidad".La honestidad intelectual es el prisma por donde la pasamos.Debemos intentar descubrir aquello que se esconde en una maraña de textos, palabras e informaciones y surfear los relatos de "verdades relativas" disfrazadas de "absolutas"

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Publicado por: Pablo Kulcar

pablokulcar@hotmail.com

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