A 37 años del intento de copamiento del cuartel de La Tablada.

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23 de enero de 1889

El miércoles 23 de enero es un nuevo aniversario del alzamiento del Movimiento “Todos por la Patria” (MTP) encabezado por Enrique Gorriarán Merlo, quien intentó copar el Regimiento de Infantería Mecanizado 3 del Ejército de La Tablada, provincia de Buenos Aires, junto a un grupo de militantes que lo seguían. El saldo fue de 41 muertos, cuatro de los cuales permanecen desaparecidos. 

El MTP actuó con el argumento de “frenar un nuevo levantamiento militar y abrir un camino revolucionario” (ante la crisis en la que veían al gobierno del Doctor Alfonsín), pensaban tener apoyo popular. 

Como consecuencia del intento de copamiento hubo un enfrentamiento con el Ejército y la Policía bonaerense durante 30 horas. Tras la rendición, cuatro de los integrantes del MTP fueron desaparecidos, sin que hasta la fecha se sepa qué pasó con ellos: Iván Ruiz; Carlos Samojedny; Francisco Provenzano y José Díaz. 

El viernes 12 de abril de 2019, el general Alfredo Arrillaga, quien comandó las tropas de la represión, fue sentenciado a prisión perpetua tras ser encontrado culpable del asesinato a Díaz, a quien se fotografió vivo tras su rendición. El militar tenía una condena de reclusión perpetua por crímenes de lesa humanidad. Gorriarán Merlo y su esposa, Ana María Sívori, fueron a juicio en 1997 tras ser extraditados desde México. Sus penas fueron de cadena perpetua y de 19 años de prisión, respectivamente. Finalmente fueron indultados durante el gobierno del presidente Eduardo Duhalde. 

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La última locura de la guerrilla argentina ocupó el centro de la escena nuevamente durante el juicio a los militares por su accionar durante la recuperación del cuartel. En el banquillo de los acusados se encontraba el ex general Alfredo Manuel Arrillaga, quien estuvo a cargo del operativo  

En el juicio, cuyas audiencias se celebraron ante el tribunal Oral Federal Nº 4 de San Martín, por primera vez se discutieron las responsabilidades de los militares en el hecho y se debate el rol del Ejército en la desaparición de José Alejandro ‘Maradona’ Díaz, quien se rindió junto a Iván Ruiz en la Guardia, cerca del portón de ingreso al cuartel. El fotógrafo Eduardo Longoni registró la escena. Los militares redujeron a Ruiz y Díaz y luego los llevaron hacia el fondo del predio. 

Apenas 5 meses después del asalto al cuartel de La Tablada, 20 militantes del MTP fueron llevados a juicio y fueron condenados por violación a la Ley de Defensa de la Democracia. Los 13 militantes que entraron al cuartel fueron condenados a cadena perpetua por los delitos de asociación ilícita calificada, rebelión, usurpación de un cuartel, 11 homicidios, 12 tentativas de homicidio, 4 privaciones ilegítimas de la libertad, 3 lesiones graves y 8 lesiones leves más robo con arma de fuego. Otros 7 militantes del MTP recibieron penas de entre 10 y 25 años de cárcel. 

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Eduardo Longoni, fotógrafo y documentalista del episodio, vive y trabaja en Buenos Aires. Después de cursar tres años de Licenciatura en Historia en la UBA, comenzó su actividad profesional como fotógrafo en la Agencia Noticias Argentinas, en la cual llegó a desempeñarse como Editor de Fotografía. 

En 1987 creó su propia Agencia (EPD/PHOTO) realizando coberturas para publicaciones tanto nacionales como extranjeras. Sus fotografías, sobre todo las referidas a la violenta dictadura militar Argentina, han sido expuestas en Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, México, Venezuela, Cuba, EEUU, Francia, España, Italia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Bélgica, Egipto, Japón y la ex Unión Soviética. En 1981 fue uno de los fundadores de la Exposición El Periodismo Gráfico Argentino, la muestra de mayor prestigio del fotoperiodismo argentino. 

Sus trabajos han sido galardonados con la Medalla de bronce en el Interpress Photo de Moscú (1985), el segundo premio del Concurso Jóvenes Latinoamericanos organizado por la OEA (1987) y el premio ADEPA (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas) al mejor trabajo de fotografía de prensa del año (1993). También en 2007 recibió el segundo premio de ADEPA por su cobertura sobre los 25 años de la guerra de Malvinas. En 2013 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le nombró Personalidad Destacada de la Cultura.

Eduardo Longoni

Eduardo Longoni vio a través del lente a un muchacho arrodillado y con las manos en la nuca frente a un fusil. La foto fue la prueba de que algunos guerrilleros se habían rendido y estaban con vida al momento de ser capturados. “Sólo deseaba que terminara el tiroteo”, recuerda. 

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¿Cómo fue la cobertura del hecho? 

Ese día estaba en La Plata. En ese entonces era común que los carapintadas se amotinaran para exigir que los eximan de los juicios que se habían empezado a extender luego del juicio a las juntas militares de 1985. Yo trabajaba como freelance para revistas de Brasil, como Veja, y algunas de Argentina, sobre todo de Editorial Atlántida (Gente y Somos). Fui lo más rápido que pude y apenas llegué a La Tablada, me quedé en la calle guarecido por el cordón de una vereda, en medio de un tiroteo feroz. Yo había cubierto todos los levantamientos carapintadas y sabía que entre los militares no iban a estar disparándose así o sea, que había algo extraño. Lo único que deseaba en aquel momento, en que las balas me silbaban arriba de la cabeza, era que el tiroteo terminara y obtener una posición para poder fotografiar el escenario de la batalla. 

¿Recuerda el instante en que disparó la foto? 

Cuando el tiroteo inicial fue apagándose, vi una construcción muy modesta que tenía una losa a medio terminar sobre la avenida, frente al cuartel (Avenida Crovara). Le pedí, le rogué al dueño que me dejara entrar, con señas primero y luego a los gritos y en medio de los cañonazos. Llegaron las tanquetas que disparaban y hacían vibrar todo. No sé por qué, pero lo convencí. Subí por una escalera maltrecha y me encontré con una terraza sin defensas donde estaba apostado un francotirador del ejército. Hacía un calor insoportable, pero la única posición para evitar las balas era estar tirado cuerpo a tierra. Así estuve desde poco antes del mediodía hasta la noche. Era una posición incómoda, pero tenía una visión amplia de lo que pasaba. Tenía dos cámaras cargadas con diapositivas color. En una tenía una tele corta y en otra un 300 mm con duplicador, un lente muy largo, pero muy poco luminoso. Esperé toda la tarde el momento en que los dos bandos se juntaran delante de mí cámara. 

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Tras un bombardeo muy intenso, el edificio donde estaban atrincherados los miembros del MTP, se empezó a incendiar y estos comenzaron a saltar por la ventana, desesperados, vestidos de civil, y en algunos casos con el torso desnudo. Aparecieron comandos del ejército que los fueron capturando de uno. Se escuchaban gritos, tiros y pedidos de auxilio. Todo mientras el humo se elevaba y el calor derretía todo. 

En ese momento fotografié a ese muchacho, arrodillado y con las manos en la nuca, en clara posición de rendición siendo apuntado a pocos metros por un oficial del ejército con un FAL.También en la foto se observa a otro joven tirado boca abajo. En segundos aparecieron más oficiales y los llevaron caminando a punta de fusil hacia adentro del cuartel. Los fotografié hasta que los perdí de vista. Luego seguí fotografiando hasta que entró la noche y ya no podía hacer fotos. 

¿Qué repercusión tuvo? 

Yo no supe qué fotos tenía hasta no verlas publicadas en las revistas. Mucho tiempo después se supo que además de los muertos, había desaparecidos. Me costó tiempo armar el rompecabezas. La serie de mis fotos fue llevada a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, como prueba de que algunos guerrilleros se habían rendido y estaban con vida al momento de ser capturados. Mucho más tarde supe que el nombre de ese muchacho de rodillas y con las manos en la nuca era José Alejandro Díaz. 

Aurora Sánchez Nadal, su madre, desesperada y buscando pistas sobre su hijo desaparecido, fue quien se contactó conmigo. Mirando juntos las diapositivas, que yo conservaba de aquel día, pudimos reconstruir la serie de ocho fotos en las que se ve a los guerrilleros saltando del edificio en llamas, rindiéndose y siendo conducidos por oficiales del ejército hacia los fondos del cuartel. Es justamente la Corte Interamericana que intima al Estado a tratar el tema y a partir de esto comienza la batalla judicial para saber que paso con los 4 integrantes del MTP desaparecidos.

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Mirando la foto uno piensa en lo instantáneo que fue el hecho. Uno trabaja en automático, ve la noticia y acomoda la estética. Con los años es un oficio el aprender a ver. Arma esa inmediatez con pautas que ya están en su cabeza. 

Mi lenguaje es la fotografía, ya sea en noticias o reportajes, lo vengo construyendo desde los 18 años. Soy un apasionado de mi trabajo y hablo y digo mejor desde una foto que desde palabras. Se termina volviendo tu idioma primario. Esto es algo que se hace para mostrar, para que se vea. Es desde vos para el otro. 

¿Llega a pensar en imágenes? 

Si es muy interesante eso que decís, yo siento que voy por la calle y tengo la sensación de estar fotografiando con los ojos. Voy encuadrando, recortando, partes de la realidad y las imagino en fotografías que podrían ser. Como docente que soy, pienso lo importante que es esto cuando se convierte en un documento gráfico de un hecho, cuando llega a ser una prueba judicial, un testimonio para evaluar la certeza de lo que pasó. Hoy en día, con la digitalización, que ha cambiado este lenguaje, se pueden trucar fotos. Esta de la que hablábamos es una analógica. Una diapositiva a color. La foto es testimonio de que algo pasó allí. El muchacho efectivamente se rindió. El oficial del ejército lo estaba mirando. Hay una parte de la realidad irrefutable. 

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¿Esta es la reivindicación del trabajo del reportero gráfico? 

Allí el trabajo se justifica. Yo me siento más cómodo haciendo fotos en mi país, porque lo entiendo y lo conozco. Se dé su gente. En el extranjero saco fotos, pero son más una mirada estética y turística. 

Creo que hoy en día estamos inundados de imágenes. Hasta hay que agregar las cámaras de seguridad que nos retratan. Vi a un jugador de fútbol italiano luego de hacer un gol pedir un celular y hacerse una selfie con la hinchada. Es la democratización de la imagen, pero es como si en la pintura bajaran los precios de los productos y los pinceles y, aun así, no todos serían pintores. Todos pintarian, pero es la mirada la que construye. Cada uno pone la suya y perdura en el tiempo aquella que le agrega algo más a la herramienta, algo extra. Lo más importante detrás de la cámara son tus ojos y tu pensamiento. 

La fotografía es un lenguaje que sacude, que puede emocionar, pero que tiene que estar en un contexto. Tiene que tener un contexto. Si yo muestro una fotografía de una señora con un pañuelo blanco a cualquier argentino va a decir que es una madre de Plaza de Mayo, pero si le muestro esta fotografía a un campesino en China va a leerla literalmente como que es una señora anciana con un pañuelo blanco, porque no va a leer ese contexto que le da sentido en Argentina.